El VAR, el antídoto contra Putin en octavos

España y Rusia están citadas este domingo en el estadio Luzhniki de Moscú para subirse al ring de los octavos de final. O, mejor dicho, Rusia y España. Los rusos son los anfitriones del Mundial más controlado de la historia, pero también del más tecnológico. Un Mundial, que, hasta la fecha, ha escondido alguna sorpresa en cada uno de los grupos. Pero Alemania se lleva la palma de oro.
No sabemos si todos los españoles queríamos a Rusia (o a Uruguay) en los octavos de final, pero seguro que todos los rusos no querían enfrentarse a España en la primera eliminatoria de ‘su’ torneo. La selección de Stanislav Cherchesov llega con la vitola de ser el país anfitrión, lo que le ha dado la energía suficiente para lograr la clasificación a los octavos con un partido de sobra en la fase de grupos. Algo que ni España, ni Portugal, ni Alemania, ni Brasil han logrado. Por muy asequible que fuera su grupo tiene su mérito en un Mundial tan igualado.
Pero la historia juega en contra de los de Fernando Hierro, que hasta la fecha no han podido tener un Mundial más accidentado. Tanto es así que España nunca ha sido capaz de ganar a la selección anfitriona de una Copa del Mundo. En el Mundial de Italia de 1934 España tuvo la primera oportunidad. Pero un polémico arbitraje sumado a una dosis de mala suerte privó a la Selección de García de Salazar de pasar de los cuartos. Tampoco pudo ser en el Mundial de Brasil de 1950, el del ‘Maracanazo’, donde los brasileños golearon a los españoles por 6-1. La tercera y última vez que España plantó cara al anfitrión de un Mundial fue en Corea y Japón 2002. El famoso partido de cuartos de final donde el árbitro egipcio Gamal Al-Ghandour privó a los de José Antonio Camacho de plantase en las semifinales.
Puede ser que a la cuarta sea la vencida. Y con Vladimir Putin de espectador en el palco. Imposible que haya más morbo. El máximo mandatario ruso siempre podrá presumir de haber albergado el Mundial que seguramente marque un antes y un después. Si bien es cierto que la globalización ha permitido que suba el nivel de fútbol en todas las regiones, o, por lo menos, todas las selecciones se puedan conocer más, la FIFA ha querido dar una mayor justicia al deporte que custodia. Y lo ha hecho con lo más destacado de esta Copa del Mundo, con lo que más ha brillado y ha acaparado todos los elogios: el VAR.
Cambio de roles
Las primeras intervenciones de la tecnología en el fútbol demuestran que con su implantación se trastocan varios elementos de este deporte, aunque no los fundamentales, porque la esencia sigue ahí: se sigue necesitando marcar un gol más que el rival para ganar.
Una de las consecuencias que trae consigo el VAR es la equidad entre los equipos grandes y los más pequeños. La llegada de la tecnología en el fútbol matizará mucho la leyenda urbana o el doble criterio del beneficio a los grandes en caso de duda arbitral. Si lo traducimos al Mundial, la equidad entre las selecciones favoritas o históricas y las noveles en esta competición. Que se lo digan a la Portugal de Cristiano Ronaldo, que con la “ayuda” del VAR vio cómo perdía la primera plaza del grupo en el último minuto al señalarse un penalti a favor de Irán.
El único beneficio que podrán seguir ostentando los equipos grandes (o pequeños) con respecto al arbitraje serán las faltas no pitadas en las jugadas. Pero en las jugadas determinantes la equidad será absoluta. Miremos el tenis, por ejemplo. ¿A caso el tenista número 200 del mundo se queja del arbitraje cuando se enfrenta al número 1? No puede, porque desde hace más de diez años está el ojo de halcón, que refleja objetivamente lo sucedido.
Retrata a los ‘teatreros’
Pero el Mundial ya nos ha demostrado que el VAR ayudará a desenmascarar a los tramposos. A los que se tiran dentro del área para que el árbitro pite penalti. A los que buscan el error del juez de campo para su beneficio. Que se lo digan a Neymar, que pasó a la historia en el partido contra Costa Rica por ser el primer jugador al que le rectificaron un penalti inicialmente pitado a favor. Los ha habido a lo largo de la historia y los seguirá habiendo. Pero con el VAR no tendrán premio.
La cita de Rusia ha permitido que los más escépticos hayan podido probar de una manera práctica cómo funciona el VAR, ese experimento que en un principio se pensaba que terminaría por destrozar el fútbol. Y nada más lejos de la realidad. Lo hace y lo hará más justo. Que se lo digan a España, que gracias a la rectificación del VAR consiguió contra una resucitada Marruecos (y casi contra todo pronóstico) la primera plaza del grupo a última hora.
Ya lo dijo Sergio Ramos tras el último encuentro contra la selección de Hervé Renard, “el VAR dice la verdad, no te ayuda; éramos muy partidarios de su aplicación porque lo jodido es que te manden a casa por un gol en fuera de juego o penalti que no es”.
España nunca ha ganado al país anfitrión en una Eurocopa, pero sobretodo en un Mundial, pero tampoco antes existía la tecnología en el fútbol, que ha servido para que, de repente, broten los penaltis y otras jugadas no tan consideradas. También se está viendo que sirve para que cambie la actitud del futbolista hacia el árbitro. Sabe que está vigilado y en cualquier momento puede quedar en mal lugar. A falta de encontrar el juego, el ritmo o la pegada, y para hacer la revolución en Rusia a España siempre le quedarán el VAR. Y con Putin como espectador. El morbo está servido.

















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