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Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Jueves, 31 de Mayo de 2018

Carreteras secundarias

Acabada la Liga y las competiciones europeas, sólo queda la Segunda y las subcategorías del fútbol modesto. Para la mayoría un vacío horrible de no ser porque este año toca Mundial. En todo caso hasta que llegue, una espera excesiva que hay que llenar con el menudeo de los fichajes y su crónica rosa. ¡Y pensar que Ortega en El Espectador nos enseñó a emplear el deporte como metáfora! Desde luego, las promociones de ascenso ofrecen muchas. El espíritu deportivo -decía el maestro- como metáfora del deseo en contraposición a la necesidad y a la obligación, como paradigma del estado anímico con que el hombre crea y progresa.

 

Como en la serie británica de los 70 Arriba y abajo, existen claras diferencias entre los que juegan las promociones que están destinadas a los meritorios y las primeras espadas que acaparan Champions, títulos y galardones con sus selecciones. Pero no promocionan.

 

Otro símil: llegamos a junio y es época de exámenes, de reválidas. Como los chicos del Preu, los futbolistas de los hoy llamados playoffs han tenido que sacar buenas notas durante el curso, insuficientes, dado que en este mes se juegan el futuro.

 

Vimos que la final de Champions acapara todo el interés, pese a resultar más propia de una exhibición circense: ¡tan alejada de la esencia y orígenes de lo que se empezó a conocer como fútbol!  Vimos como las estrellas confunden el éxito o más bien no conocen otro que el personal, trasunto de ese castizo y vil “qué hay de lo mío”.

 

A diferencia de cada partido de promoción donde el éxito o el fracaso se comparten estrechamente con los aficionados -qué es lo que ha dotado de sentido al deporte para llegar hasta hoy- . Existe una comunidad emocional, una misma ilusión, un sentimiento, una ciudad ...son las bases que fundaron los estado modernos, de “cuius regio, cuius religio”.

 

En el ámbito castrense las promociones nos evocan esa España atrasada en que el servicio militar constituía la única manera de viajar para el humilde: aún hoy cuántos equipos de Tercera anhelan estas fechas al menos para poder salir de su terruño. La ocasión que supone para medir la distancia real entre los distintos grupos, además de la distancia kilométrica.

 

Pondré un ejemplo, el Náxara derrotó a L'Hospitalet 3 a 0 en su campo, ese bosque encantado conocido como la Salera. ¿Cómo es posible que la segunda ciudad más poblada de Cataluña cayera de esa manera en una discreta ciudad peregrina, en un tiempo corte de los Reyes de Navarra que apenas cuenta con 8000 habitantes? Es preciso conocer la realidad de unos y de otros para no asombrarse de los resultados. Tampoco en el fútbol se gana con viejas glorias ni con jugadores profesionales, por mucho que cobren. A veces la ilusión compartida con el trabajo con un mismo grupo formado a fuego lento, liderado por un mismo entrenador, merece la pena destacarse por encima de los mentideros, noticieros y circos televisivos.

 

Es curioso que el mundo del balón ofrezca un ejemplo contrario a la actualidad política tan degradada. Más allá de la corrupción a la que tampoco pueden ser ajenas las élites deportivas, emerge el trabajo de profesionales que son la admiración de las naciones rivales y aún de las más lejanas.

 

Una última metáfora que sin dejar de serlo, es el medio, las infraestructuras: la rapidez de los traslados de esta España de autovías hace inimaginable las penurias y la épica que tan pocos años atrás suponía viajar por España sin autopistas y carreteras nacionales cuyos distintos dígitos veíamos en las pegatinas de las lunas traseras de los coches a modo de viñetas de humor. Hoy incluso en los desplazamientos de Tercera las carreteras secundarias han pasado a la historia y las que se pisan desde luego no tienen que ver nada con aquellas nacionales.

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--- Por supuesto, el título es un guiño a las Carreteras secundarias de Ignacio Martínez de Pisón, también a la película de David Trueba, no tanto a los artículos que publicó Alfonso Armada en ABC hace unos años y que ahora se editan en libro copiando su título. Una curiosa pieza en línea con lo que digo en cuanto a la evolución de la España de los 70 hasta nuestros días es Lou Reed era español de Manuel Vilas. Seguir a tu club de la vida lo mismo que a tu estrella de rock, visto como una odisea transformadora de un Ulises pueblerino, como fuente de conocimiento.

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