El gran sindicato del fútbol, según pasan los años
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Febrero de 1997, Barcelona: "El jugador de fútbol es lo más importante y vamos a defender sus reivindicaciones hasta la muerte", decía Diego Armando Maradona en ocasión de presidir una de las reuniones de la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP).
Ese sindicato mundial de futbolistas se había fundado en París, el 28 de septiembre de 1995, con la participación de grandes figuras como Ëric Cantona, George Weah, Ciro Ferrara, Gianfranco Zola, Gianluca Vialli, Hristo Stoichkov, Laurent Blanc, Michael PreudHomme, Raí y Thomas Brolin, entre otros.
Maradona, que por entonces, se batía a duelo con la cúpula de la FIFA, fue elegido presidente y el francés Cantona vicepresidente. A poco de andar la AIFP consiguió el apoyo del belga Jean Marc Bosman, cuyo reclamo ante los tribunales dio lugar a la llamada "Ley Bosman", que permitió el libre traspaso, sin indemnizaciones ni cupos de extranjeros, de los jugadores profesionales comunitarios de las ligas de la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (UEFA).
La AIFP planteaba que los jugadores debían recibir un porcentaje de los millonarios contratos televisivos, que los horarios de los partidos no podían ser al mediodía, porque afectaban el rendimiento físico y la salud. Se declaró también en contra de los grandes capitales volcados a comprar las licencias de los clubes.
Este sindicato no pudo sostenerse mucho tiempo, cediéndole sus banderas a la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPro), que se había formado en 1965, impulsada por representantes de las asociaciones de jugadores de Francia, Escocia, Inglaterra, Italia y Holanda.
La poderosa FIFPro con sede en Hoofddorp, Países Bajos, está integrada por 60 asociaciones nacionales de jugadores y representa a 65.000 futbolistas. Entre otros postulados, promueve la lealtad, integridad y equidad, la buena gobernanza, comunicaciones abiertas y transparentes, procesos democráticos, controles, equilibrios, solidaridad y responsabilidad social corporativa.
El proceso fue silencioso pero de creciente impacto en las relaciones de los jugadores con sus clubes y federaciones.
Ya entrado el siglo XXI, la propia FIFA fue haciendo más flexibles las normas sobre transferencias hasta el grado que ya no son consideradas como una "potestad" exclusiva de los clubes, sino que dependen de la voluntad del futbolista.
En España se anunció el registro de un nuevo sindicato de "Futbolistas ON", cuya proclama se sintetiza: "Un sindicato que no nace contra nadie, sino para todos, detectamos una imperiosa necesidad de regularizar la situación laboral de los futbolistas de Segunda B, Tercera y Fútbol Femenino".
Sus promotores, que en menos de un mes obtuvieron 2000 afiliados, sostienen que: "La situación del fútbol mundial, y del español en particular, vive unos cambios en los que se habla de transparencia, pero no hay nada más transparente que no tener nada que ocultar. Son tiempos en los que las instituciones necesitan recuperar credibilidad y honestidad".
El fútbol mundial se ha convertido en una gran vidriera que concita el interés de inversores, aficionados y consumidores del "producto fútbol" que se mira por TV en todo el planeta. Así como en el siglo XVIII la invención de la máquina de vapor marcó un hito en la historia de la civilización, el fútbol como fenómeno expansivo desde los campos de juego hacia la industria del entretenimiento virtual traerá consigo profundos cambios.
David Goldblatt (1965), historiador, sociólogo, periodista y escritor británico reafirma que "el fútbol es el reflejo más extraordinario de la sociedad que permitiría estudiarlo en todo el mundo. Existe esa ilusión centenaria de que en la industria del fútbol, deporte y política no se mezclan. Y déjenme decirles algo: ¡es mentira!".
Bajo esa premisa podemos advertir que muchas situaciones de la vida social atraviesan al fútbol. Hoy es más fácil visualizar el rol de cada uno de los actores del universo fútbol, porque a todos les toca una parte del negocio. Tras una serie de concilios forjados de la mano de intereses comunes, empresarios, políticos y sindicalistas compiten a través del fútbol, sin que podamos diferenciarlos según su esencia. Esos grupos se volcaron a gestionar entidades para ganar en popularidad.
De no mediar mayores cambios a favor de la transparencia y el control de las finanzas, un nuevo y casi invisible "gran sindicato del fútbol" dominará el detrás de la escena hasta saciar la sed con más cuotas de poder y mejores ganancias.
El filósofo José Ortega y Gasset (1883-1955) dijo: "Quien quiera ver correctamente la época en que vive debe contemplarla de lejos. ¿A qué distancia? Muy sencillo: a la distancia que no permite ya distinguir la nariz de Cleopatra".
Daniel Roberto Viola.Director de Iusport Latinoamérica.
Abogado.Universidad de Buenos Aires.Argentina.
Socio Estudio Viola & Appiolaza.
Nota del Autor: Publicado en www.cronista.com

















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