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Hasta hace escasos seis meses, la relación entre el secretario de Estado para el Deporte, José Ramón Lete, y el presidente del COE, Alejandro Blanco, eran francamente buenas, fluidas y basadas en el respeto institucional.
Públicas fueron en su día las diferencias mostradas por el presidente del COE respecto al anterior presidente del CSD, Miguel Cardenal, quien sufriera un auténtico acoso y derribo por parte de Blanco en el marco de una pinza que hizo junto a su "amigo" Ángel María Villar.
Blanco se alineó siempre con Villar en los conflictos que mantenía la RFEF con el CSD. El mismo día en el que Villar y Blanco observaron que el vasco nunca abdicaría de la aplicación de la Ley, ese mismo día, los dirigentes de la RFEF y COE decidieron poner en marcha una estrategia de acoso y derribo de Cardenal, lo que consumaron. El Gobierno cedió y cesó a Miguel Cardenal.
Blanco y Villar se molestaron cuando Cardenal les exigió que justificaran una serie de subvenciones, exigencia que el resto de ciudadanos e instituciones aceptan como normal al tratarse de dinero público.
Pero estos dirigentes no comparten esa idea. Luego se dieron otros conflictos, como el padecido en los JJOO de Río. Blanco se ocupó en todo momento de marcar distancia respecto a Cardenal. En definitiva, lo que pretendía era que el CSD pusiera el dinero pero limitándose luego a contemplar, sin presencia ni controles.
Y con esto llegamos a Lete. Desde que fue nombrado, en noviembre de 2016, hasta hace pocos meses, Blanco creyó ver en el nuevo secretario de Estado otro talante más dialogante que el de Cardenal, lo cual es cierto, pero se equivocó en lo esencial.
En el fondo, ambos (Cardenal y Lete) son servidores públicos serios en lo económico. Ninguno de los dos miraría para otro lado si le ponen ante sus ojos una eventual malversación de fondos públicos, o un mero desvío, que también conlleva el reintegro de los dineros mal aplicados.
Este rigor que demostró Cardenal, y que Lete comparte desde otro talante, no es del agrado de Blanco y, por eso y otras cosas, ha puesto punto y final a la entente cordiale que tenía con José Ramón Lete.
Blanco ha decidido (hacia sus adentros) que Lete no debe seguir como presidente del CSD y ya se ha puesto manos a la obra.
Observen algunas de sus últimas declaraciones, en especial las realizadas en el reciente desayuno informativo de Europa Press. No deja bien parado a Lete en el conflicto de la RFEF, al que calificó de tsunami, y tampoco está de acuerdo en cómo se han perfilado las becas ADO.
Pero sobre todo ello, su hoja de ruta, que alumbramos ayer
Hace tiempo que Alejandro Blanco viene reclamando un régimen autárquico en el deporte oficial, desde la cancha hasta los comités, incluida la última instancia "deportiva", que en España lo es el TAD, heredero del Comité Español de Disciplina Deportiva y de la Junta de Garantías Electorales.
Según hemos podido saber en IUSPORT, existen movimientos subterráneos en esa dirección. Blanco ha aprovechado los dolores de cabeza que le está originando la crisis de la RFEF al Gobierno, para convencerle de que mejor te quitas eso de encima. Nosotros podemos autorregularnos, no nos hace falta la intervención del Gobierno, (salvo para las subvenciones, claro).
Este es el diálogo figurado que habrían mantenido el presidente del COE, no solamente con José Ramón Lete, sino con el propio ministro Méndez de Vigo.
Pero claro, como decíamos, con la Ley actual, la de 1990, ello es inviable. Las federaciones deportivas, ciertamente son entidades privadas, pero, ope legis, ejercen determinadas funciones públicas delegadas de la Administración Pública.
Con esos cimientos, no sería congruente despojar a la Administración Pública del control y tutela sobre las federaciones deportivas en cuanto atañe al ejercicio de esas funciones públicas.
Y ahí está el núcleo del asunto. Blanco quiere que se quite ese añadido y que las federaciones deportivas, a pesar de lo que dijo el Tribunal Constitucional en 1985, sean, a partir de la nueva ley, entidades puramente privadas.
En el seno del COE, le dicen al Gobierno, ya contamos con un órgano para ello, el Tribunal Español de Arbitraje Deportivo, que puede reemplazar perfectamente al TAD, según Blanco.
Se replicaría, pues, la estructura actual del TAD con un órgano propio NO idéntico (porque es arbitral y eso es otra cosa), cuyas decisiones serían impugnables ante la Justicia ordinaria. Y algo más. A diferencia del modelo actual, en el que todas las decisiones del TAD son recurribles ante la jurisdicción contencioso-administrativa, si es impone el Tribunal arbitral del COE, la impugnación de sus acuerdos está restringida al tratarse de laudos de naturaleza arbitral.
Como decíamos ayer, nos parece descabellada la idea planteada por Blanco. Sería un 'quítate tú para ponerme yo'. El poder para nombrar a sus miembros ya no estaría en el Gobierno, sino en la cúpula del COE, que desde hace tiempo controla Alejandro Blanco.
Por cierto, en hablando de elecciones, ¿sabíais que el presidente del COE es elegido por los presidentes de las organizaciones miembro?; es decir, sin participación de los deportistas, técnicos y jueces-árbitros.
Por puro principio, las federaciones deportivas tienen consolidada esa concepción privado-pública, y así deben seguir en el futuro. Otra cosa es que se afine en el deslinde de competencias y otros menesteres.
Blanco cuestiona hasta el mismo CSD
Pero, como decíamos ayer, no se quedan ahí las reivindicaciones de Blanco. Hasta el mismo CSD ha puesto en cuestión el presidente del COE. Él entiende que el COE podría reemplazar perfectamente al organismo público del deporte español.
De consumarse este despropósito, se daría la situación kafkiana de que las comunidades autónomas se verían obligadas a tratar con el COE, una entidad privada, en determinados asuntos, ya no con el Gobierno del Estado. Un disparate auténtico.










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