
Todo eso, y alguna cosa más, fue puesto en conocimiento del presidente Sánchez, pero hasta ahora este se había negado a moverla del CSD. Había que esperar la ocasión propicia para darle una patada hacia arriba, expresión que conocen bien en los partidos políticos.
Todo indica que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le pidió a su amiga (y "escribidora") Irene Lozano, hasta ahora presidenta del CSD, que se sumara a la candidatura del PSOE a la Comunidad de Madrid.
Sánchez le dijo que la necesitaba en este momento, ya que el PP pisa muy fuerte en estas elecciones y el perfil liberal de Lozano (ex UPyD) viene bien para captar votos de 'Ciudadanos' que, en otro caso, se irían al Partido Popular. Además, hay que aprovechar que el voto de la izquierda está muy dividido tras la negativa de Errejón a compartir cartel con Pablo Iglesias.
Todo eso debe ser verdad, pero no es toda la verdad. Para que el presidente Sánchez se decidiera a dar el paso e invitarla a esta nueva andadura otras personas ejercieron antes presión para sacarla del CSD.
Hubo claramente una confluencia de intereses en tres personas muy poderosas. Una preside una federación muy importante; otra preside una organización no federativa que reina en el deporte pero no gobierna; y una tercera ocupa un cargo de lo más alto en el Gobierno de la Nación.
La persona que preside la federación creía que Irene Lozano iba a ser tan dúctil como lo fuera alguien que trabajó para su antecesora, pero hace tiempo supo que Lozano tiene personalidad y criterio propios y no le iba a reír la gracia.
La persona que preside la organización no federativa hace tiempo que no quiso saber nada de Irene Lozano. La puenteaba constantemente y abiertamente dijo que él sólo trataba con ministros. Al igual que la persona que preside la federación, este otro presidente, que, como decimos, reina pero no gobierna, tampoco logró incorporar a Irene Lozano de forma acrítica a sus causas.
Y al tercero, alto cargo del Gobierno, tampoco le gustaba la manera de conducirse de Irene Lozano porque su discurso lucía más que el suyo; ella demostró tener más capacidad política y él optó hace tiempo por ningunearla. En alguna ocasión llegó incluso a empujarla, en sentido político, al abismo para luego aparecer él como salvador, como cuando se negoció el protocolo anti-COVID para el deporte no profesional.
Todo eso, y alguna cosa más que no hace falta relatar, fue puesto en conocimiento del presidente Sánchez, pero hasta ahora este se había negado a moverla del CSD. Había que esperar la ocasión propicia para darle una patada hacia arriba, expresión que conocen bien en los partidos políticos.
De hecho, hubo un momento en el que se planteó nombrarla jefa de gabinete presidencia del Gobierno con tal de que saliera del CSD.
A todo esto, Irene Lozano, con un perfil marcadamente intelectual y político, lo pasaba mal ante los conflictos propios del deporte, cuyas claves desconocía cuando llegó y alcanzó a comprender hace bien poco.
Finalmente, la inesperada decisión de Isabel Ayuso de convocar elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid le brindó al presidente la posibilidad de encajar todas las piezas del puzle.
El presidente queda bien con aquellas tres personas al tiempo que ofrece una salida airosa a su estimada amiga. Miel sobre hojuelas.
Ahora bien, ¿era este el momento de cambiar la cúpula del CSD?
A escasos días de celebrarse en España un partido de naciones contra el "territorio" de Kosovo, en cuyos preliminares se va a escuchar el himno de un estado que España no reconoce; a pocos meses de una Eurocopa, cuyas sedes no están aún definidas por el COVID; en un año de juegos olímpicos de verano aplazados donde asistirán cientos de deportistas sin haber resuelto si van vacunados; con elecciones federativas que debieron celebrarse en 2020 y aún están sin concluir; y un largo etcétera de problemas diversos a los que Irene Lozano, pese a no provenir del deporte, ya sabía cómo afrontarlos.
Es la 'realpolitik', amigo






























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