
El poder de atracción de la Liga ACB es un poder descendiente con los años. Y más todavía si se compara con otros deportes u otras competiciones. Es una de las principales conclusiones que se pueden sacar del reportaje publicado por Alfredo Pascual en El Confidencial.
El 20 de mayo de 1997 la liga ACB tocó techo. Sucedió en el Palacio de los Deportes, en Madrid, durante el quinto partido de la final, el que decidiría el título. Fue martes laborable, pero más de 12.000 espectadores llenaron el pabellón -con ilustres como Suker, Mijatovic y Capello en las primeras filas-, conjurados una vez más contra su bestia negra recurrente: el Barcelona deAito García Reneses.
El partido lo emitió La 1, en 'prime time', con un Ramón Trecet embriagado por el ambientazo del Palacio: “Les ofrecemos dos palpitantes horas con 24 jugadores y dos entrenadores enfrentados, que han decidido que, hoy y aquí, el destino les llama por su nombre”, rugía al micro el presentador al comienzo de la retransmisión. Era un Clásico lleno de pequeños alicientes: Bodiroga contra Djordevic, Arlauckas contra Mustaf, Karnisovas contra Herreros, Obradovic contra Aito… y a la fiesta se sumó el inesperado Dueñas, un madrileño de 22 años que, con 13 puntos, 12 rebotes y 2 tapones, decantó el partido y la liga hacia Cataluña. Fue la primera vez que un equipo lograba ganar una final de ACB con el factor cancha en contra (jugando los partidos decisivos fuera).
Sin embargo, el dato más importante de la final lo conocimos al día siguiente, al revisar los audímetros: aquel partido lo siguieron por televisión 4,8 millones de españoles, que no solo es el máximo registrado jamás por la liga, sino que en aquel momento estaba por encima de la media de los partidos de fútbol, eterna primera opción de los españoles. Esos 4,8 millones significaban, además, que la liga se había repuesto de la ‘sabonisdependencia’ y gozaba detan buena salud que podía evolucionar a emitirse en cerrado.
"La ACB creía que tenía un producto súper 'premium', que podía llevárselo a cualquier cadena y los aficionados les seguirían", explica veinte años después Ramón Trecet. "Y no, no podían. Dos años después de esta final la liga se marchó a Canal+, en codificado, y nunca volvió a ser lo mismo", dice el periodista, voz de la ACB y la NBA durante dos décadas, que abandonó Televisión Española al poco de conocer la noticia: "Lo hice a la francesa, no volviendo a Torrespaña ni cogiéndoles el teléfono por si me convencían para quedarme hasta los JJOO. TVE ya no tenía los derechos del baloncesto, que es el deporte que amo, ¿qué sentido tenía que me quedase allí? Como nadie me había informado, cuando me enteré, me fui sin más".
Trecet desvela que el clima estaba enrarecido entre ACB y TVE, porque la cadena primaba otros eventos deportivos, como los Juegos Olímpicos o la Eurocopa de fútbol, a la hora de emplear el presupuesto disponible. "Fueron unas negociaciones larguísimas, de casi un año, que se rompieron en enero de 1999. Fue un error estratégico inmenso para TVE, que perdió un deporte que era suyo, genuinamente suyo, y para Canal+ también, porque terminó destituyendo a todos los directivos que destinó a ACB+".
En la temporada 96/97, cuando se tocó el cielo de audiencia, la ACBpromedió más de un millón de espectadores por encuentro(probablemente mucho menos de las cifras que se alcanzaban en los años 80, cuando no se realizaban mediciones de audiencia específicas y solo existían dos canales). Siete años después, el baloncesto regresó a Televisión Española con un promedio de 713.000 televidentes. Hoy, de nuevo cerrada para abonados, la ACB la siguen apenas 128.000 españoles, con partidos en los que alcanzan mínimos de 5.500 espectadores. ¿Cómo ha perdido la ACB casi toda su audiencia en veinte años?
Como ocurre siempre en los fracasos de gran magnitud, el desplome de la ACB no se puede explicar con un solo argumento, sino que es fruto de la combinación catastrófica de varias decisiones y acontecimientos. No obstante, todas las fuentes citan las cuatro temporadas oscuras de Canal+ como el principio del fin. "Canal+ se hizo con el baloncesto en 1999 gracias a una oferta sensacional, de 18 millones de euros por temporada durante cuatro años. Además, cuidó la realización más que nadie, con unos directos sensacionales con Sixto Miguel Serrano y Epi, pero la televisión de pago por entonces tenía muy poca penetración y el baloncesto quedó oscurecido", explica Ricardo Vaca, responsable de nuevos proyectos en Barlovento y autor de la tesis doctoral sobre el caso televisivo del baloncesto español.
En efecto, Canal+ invirtió fuerte en la ACB, trasplantando las innovaciones que estaban arrasando en el fútbol, como los planos con la grúa, la cámara súper lenta o un programa de chascarrillos tipo 'Lo que el ojo no ve'. De esos cuatro años no disponemos de datos de audiencia, tan solo que, cuando la liga volvió al abierto, se había dejado a doce de cada cien espectadores por el camino. "La ACB, en el Plus, quedó como un producto enlatado. Jamás volvería a tener las mismas audiencias, ni siquiera volviendo a la emisión en abierto. Hay un detalle que no solemos recordar, y es que durante esos años, los equipos empezaron a fichar extranjeros masivamente y se popularizaron los contratos de una semana, provocando un déficit de identidad, de referentes, en los clubes. Fue en esa época cuando empezaron a verse muchos pabellones a media entrada", afirma Eduardo Fernández-Cantelli, jefe de marketing del Real Madrid entre 2000 y 2003.
"Más allá de las audiencias, que supongo que serían muy reducidas, lo peor es que el baloncesto salió del 'top of mind' de la sociedad, pasó a un segundo plano", recuerda Vaca. Figuras como Jordi Villacampa, Fernando Martín o Wayne Brabender, históricamente en el imaginario de los españoles, se fueron mustiando sin encontrar sucesor. Ese podría haber sido Pau Gasol, el mejor jugador europeo de todos los tiempos, pero su efímero paso por la ACB fue solo para abonados: "El efecto del 'boom' Gasol, al que podría haberse agarrado el baloncesto español, quedó prácticamente en nada", afirma el experto en audiencias de Barlovento.


















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