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Enhamed Enhamed: "De no ser ciego no habría sido nadador profesional"

Redacción de Iusport Redacción de Iusport Martes, 02 de Noviembre de 2021

"Como adolescente viví momentos muy duros, pero la frustración y la soledad las volcaba nadando".

Cuando Enhamed Enhamed (1987, Las Palmas de Gran Canaria) habla, lo mejor que se puede hacer es sentarse y escuchar. El laureado deportista paralímpico, medallista en Atenas, Pekín y Londres, quien perdió la vista -o ganó la ceguera, como él prefiere explicarlo- con tan solo ocho años, fue el protagonista de la segunda emisión de esta cuarta temporada de 'Confesiones', el atractivo y ambicioso proyecto de ETIQUETA AZUL PRODUCCIONES que se emite cada semana en Televisión Canaria, según Cristian Olivares en Tiempodecanarias.com.

 

Junto a Pedro Guerra, productor ejecutivo y presentador del citado espacio, el afamado nadador -y psicólogo- muestra su lado menos conocido hasta la fecha, con el que reconoce que la propia ceguera le ha permitido desarrollar nuevas facetas desconocidas para otras personas, como apreciar la manera de ser de cada uno a través del tono de voz. "Hay gente que no es consciente de lo que dice su voz. En ella están las emociones diarias, ciertos rasgos de personalidad y, obviamente, cómo te encuentras en el momento actual", asegura.

 

"Tengo una vida muy afortunada. Creo que he hecho casi siempre lo que he querido o lo que me he propuesto y eso ayuda a darle color a la vida", comienza Enhamed al principio de una charla en la que, echando la vista atrás, recuerda que "mientras veía era una persona bastante inquieta, un niño que tendía a jugar solo porque era muy imaginativo, pero era inquieto y curioso". "Cuando me quedé ciego y empezaron a decir que la vida tenía que cambiar, una parte de mí no lo entendía y no lo aceptada. Durante los primeros años estuve desafiando las barreras que me fueron poniendo. Fue una época de entender y aceptar lo que me pedían que hiciera contra mi parte interna que no quería aceptar las reglas", detalla.

 

"Como adolescente viví momentos muy duros, pero la frustración y la soledad las volcaba nadando"

 

Para él, los momentos complicados empezaron "después del internado de la ONCE", ya que desde los 9 a los 13 años estuvo allí porque sus padres pensaron que iba a tener una educación más óptima, "y así fue". "Cuando regresé y empecé en el instituto, en el Tomás Morales, empezaron los momentos más difíciles. En la adolescencia quieres ser aceptado por tus padres y quieres ser como los demás. En esos años decía que no me invitaban a salir o a hacer cosas con ellos y pensaba que era por ser ciego. Luego descubrí la verdad, y era que no lo hacían porque tenía que entrenar (ríe). Es uno de los problemas del ser humano, adjudicar explicaciones antes de pedirlas. Como adolescente son momentos muy duros, pero la frustración y la soledad las volcaba nadando", afirma el deportista, quien antes de quedarse ciego "tenía miedo al agua".

 

"De hecho, tengo una imagen en mi mente de estar en Las Canteras y no querer meterme porque me daba miedo. Cuando estuve en el internado, que todos sabían nadar y yo no, me apunté porque no quería dejar que se rieran de mí. Ahí aprendí a nadar como hobby y me encantaba. La piscina es un sitio en el que no hay limitaciones ni obstáculos. Sin embargo, fuera todo sí eran limitaciones. Empecé a nadar como cualquier niño, pero los sábados pasaba varias horas metido en el agua, jugando. Eso me dio una sensibilidad y un tacto con respecto al agua muy grande, lo que luego me ayudaría a volcarme en la natación", declara en referencia a lo que, de un momento a otro, se convirtió en su hogar, el cual le permitió alcanzar diferentes finales olímpicas para las que es necesario contar con "determinación y mucho control".

 

"De no ser ciego no habría sido nadador profesional"

 

"Hay un punto en el que vas nadando, metes la mano en el agua, y la sientes de una manera distinta. Ahí sientes que va a salir bien. Una final olímpica es de los mejores momentos que he pasado en mi vida, y no por la gente, sino por la presión. Cuando te pones en el trampolín y se hace el silencio en la piscina sabes que cualquier error te puede costar esos cuatro años. Sabes que puedes ir primero y si te equivocas puedes quedar tercero o cuarto. Entonces, esa presión de que te lo juegas todo y que tu cuerpo, tu mente y tu espíritu tienen que estar alineados para dar el cien por cien, es algo sublime", prosigue, reconociendo que, de no ser ciego, "no habría sido nadador profesional". "En mi familia no se hablaba de deporte", asegura antes de entrar en detalle sobre lo que para él supone haber ganado la ceguera.

 

"Cuando la gente dice que perdió la vista habla desde la pérdida, de lo que te falta y de lo que no tienes ni vas a recuperar. No la vas a encontrar en objetos perdidos. Cuando se habla desde ahí te colocas en un juego en el que no puedes ganar, las reglas están en tu contra. Sin embargo, cada uno define ganar de una manera. Cuando decides ganar algo eso requiere un esfuerzo proactivo de tu parte, una entrega, una dedicación. La ceguera no es una pérdida, es un hecho. Tenemos tres niveles de realidad: lo que ocurre, lo que la sociedad dice que ha ocurrido y lo que nosotros interpretamos de estos dos anteriores. Cuando tú decides romper la baraja y empezar a construir tus propias reglas debes optar y yo opté por ganar la ceguera", reconoce Enhamed, quien reafirma que le "encanta" su vida: "Me siento una persona muy afortunada. Un niño me preguntó si cambiaría las medallas por volver a ver y la respuesta a día de hoy sigue siendo que no. ¿Qué puedo hacer si viera que ahora no puedo hacer? Conducir, ser piloto, que no voy a serlo, y poco más".

 

Para él, haber visto en algún momento de su vida supone una gran suerte, ya que "hay muchas cosas que no se pueden entender ni explicar si no se han visto, como el horizonte o el mar y el cielo uniéndose". "Para mí ha sido un proceso muy curioso porque esas imágenes siguen presentes. El cerebro no entiende la ceguera total, todo se lo imagina. A los 20 años mi cerebro era mucho más preciso con lo que se imaginaba y con los años ha ido perdiendo interés en recrear las imágenes de alrededor", recuerda el afamado nadador, cuya historia de superación continuó más allá de la gloria olímpica, pues se enfrentó a un Ironman, una travesía a nado cruzando el Estrecho de Gibraltar, una Spartan Race, o por si fuera poco, el ascenso al Monte Kilimanjaro (5.895 metros), situado en el continente africano. "Antes lo hacía por demostrarme que podía conseguirlos e intentar desafiarme. De hecho, el Ironman lo hice porque pensé que era imposible. Es lo que tengo de malo, mi testarudez, a veces, juega un poco en mi contra. Al final, tarde o temprano, siempre lo intento", aclara.

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