La Selección Española, la selección de los debates

Hubo una época en la que durante las concentraciones de la Selección Española se hablaba de fútbol. No hace tanto, aunque parezca lo contrario. Se hablaba de futuribles, de variantes o de estadísticas. Pero este año 2017 parece haber recibido algún mal de ojo o algo por el estilo en la parte extradeportiva.
Lejos de valorar que en sus primeros 17 meses Julen Lopetegui todavía no haya perdido un partido al frente de la Selección (11 victorias y 3 empates), habiéndose enfrentado a rivales como Italia, Francia, Inglaterra o Colombia y habiendo heredado un grupo desgastado mentalmente de Vicente Del Bosque, preferimos centrarnos en cualquier hecho extradeportivo. En palabras del seleccionador, en lugar de contemplar el cuadro, nos obcecamos con la “mota de polvo” de la esquina.
Cuando parecía (medio) enterrada la cuestión sobre Gerard Piqué, en la que tuvieron que salir el seleccionador, Sergio Ramos, Dani Carvajal o Illarramendi a pedir que no pitaran al central culé, o el propio Piqué a matizar su compromiso en la selección, surgió el debate sobre la nueva camiseta. Un debate, a priori superfluo, del que, como no, ha querido aprovechar para meter mano la clase política. Se dice que Otto von Bismarck dijo en su día que “España es el país más fuerte del mundo, porque los españoles llevan siglos intentando destruirse y todavía no lo han conseguido". Esa visión del siglo XIX podría encuadrarse perfectamente en lo que ha sido el ambiente en la Selección Española estos últimos meses.
Pero si lo pensamos bien, pese a ser el equipo de todos, la Selección siempre ha estado conviviendo con una polémica y un debate no buscado. Mucho antes de que fuésemos los mejores. Se debatió si Luis Aragonés tenía que llevar a Raúl González o tenía que dejar de llevarlo, si se tenía que poner letra al himno o dejarlo “huérfano”, si España tenía que jugar en un estadio único, como Inglaterra, o ir rotando por las distintas ciudades del territorio, si Villa tenía que regresar a la selección con 35 años o no... Y a todas las opciones se les encontraban pegas.
Por si Julen Lopetegui no tenía suficiente con culminar la “dulce transición” que inició Vicente Del Bosque, en este año 2017 ha tenido que lidiar con los pitos a Gerard Piqué y con la cuestión de la nueva camiseta. Y todo ello sin tener segura la clasificación para el Mundial, jugando en el mismo grupo que Italia, que lleva casi 60 años sin fallar en una Copa del Mundo. Ha tenido que ir por las distintas salas de prensa de los estadios en los que ha jugado España pidiendo que no se pitara al central culé, mientras confeccionaba la plantilla que se ha de llevar el próximo mes de junio a Rusia.
Y por si fuera poco, el seleccionador solamente tendrá tres partidos para determinar a los 20 jugadores que se llevará para intentar ganar un Mundial: contra Costa Rica, Rusia y, en marzo, Alemania. Por muy buenos jugadores que uno pueda elegir ‘gratis’ para llevarse a un torneo, ningún entrenador firmaría tener solamente tres partidos para conjuntarlos y hacer pruebas. Ese es el escenario en el que se encuentra el seleccionador. Un escenario poco reconocido o agradecido y muy exigido. Un escenario en el que seguirá probando y gestionando, si es como hasta ahora, magistralmente, mientras el resto seguimos debatiendo sobre… lo que surja.

















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