Crónica pop de la Guerra Fría
En Bikinis, fútbol y rock & roll, está claro que su autor, Adrian Vogel, copia su título de aquel viejo lema casi fundador del rock en los 50: sexo, drogas y rock &roll, hoy ya menos oído. Como los bikinis no se popularizó hasta bien entrados los 70, no sólo aquí, en Italia o EEUU tampoco debido a la arraigada moral católica o puritana.
El extenso libro recopila la crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), una época cercana que fabricó una mayoría silenciosa. Nixon acuñó el término para minimizar el impacto de los que se manifestaban contra la guerra de Vietnam, el tardofranquismo lo explotó para lo mismo contra quienes pedían la apertura del régimen y la amnistía, amnistía, libertad gritaba la calle.
Porque en casa, en el trabajo se respiraba ese silencio opresor de una sociedad inmóvil cerrada por las siete llaves del sepulcro del Cid. Sin embargo la España de cerrado y sacristía se fue agrietando por la banalidad de una ligera pieza de baño, esa nueva droga infantil de un juego de pelota y por unos melenudos que posesos imitaban el riff de "Satisfaction".
El cambio político vino precedido por los cambios económicos y sociales. Sin el 600, el tocata y las populosas playas españolas el cambio se hubiera hecho esperar aún más. Las tardes de domingo de carrusel y quinielas, además de rellenar el tedio hacían olvidar la amenaza de un nuevo lunes, incluso servían inopinadamente de apertura a los nuevos tiempos, por favorecer la integración racial a escala mundial.
Adrian Vogel en su repaso de aquel periodo en lo que concierne al fútbol no puede sino plasmar en principio la realidad de la guerra fría en los estadios. Se retrotrae al final de la guerra civil para contarnos que el deporte se militarizó en sus mandos, las licencias federativas se expedían sólo a los afiliados al Movimiento y por decreto se estableció que un futbolista no podía cobrar más que un coronel. Fíjense si los tiempos cambian.
En el Mundial del 50 España llegó a semifinales como fiel espejo de un mundo aún sacudido por la Segunda Guerra Mundial en la que la diezmada patria no participó. Faltaron muchas grandes selecciones pero nuestra victoria frente a Inglaterra hizo exclamar al presidente de la Federación, Muñoz Calero, excombatiente de la División Azul: "Hemos vencido a la pérfida Albión", tensando aún más las relaciones con las potencias aliadas que vetaban el acceso de España a las Naciones Unidas. Franco lo cesó.
Al final el deshielo del régimen vino gracias al frente común de las democracias occidentales respecto del comunismo. Casos como el de Puskas y de otros célebres compañeros como Kubala, Czibor y Koscis son paradigmáticos. En la Hungría comunista se abolió el profesionalismo y se nacionalizaron los clubes. Se les pagaba con ascensos, Puskas, hijo del entrenador del equipo del Ejército, el Honved, (palabra que significa “defensor de la patria”) era teniente coronel antes de fugarse con motivo de la entrada de los tanques soviéticos en el 56. Eligió Italia pero de nuevo la política se cruzó.
El peso del PCI italiano desaconsejaba a los empresarios dueños de equipos ficharle para evitar conflictos laborales promovidos por la CGIL, el brazo sindicalista de los comunistas de Togliatti. Su partido fue el que menos bajas acusó entre los europeos después de la mentada invasión soviética. También problemas sindicales y federativos frenaron su llegada a Manchester. Pancho Puskas terminó en Madrid con el único inconveniente de su panza, unos 18 kilos extra. Un obstáculo no suficiente para que siguiera engordando su curriculum hasta el broche final de 1995: los magiares le devolvieron los honores militares perdidos en el Ejército Rojo y fue ascendido a coronel.
Ya hemos dejado testimonio en estas mismas páginas del enfrentamiento deportivo en los 60 entre dos países que no tenían relaciones diplomáticas. España no compareció en el primer europeo de 1960. Lo hizo en el siguiente como anfitrión. La fase final se jugó aquí quizá como recompensa a los XXV años de Paz. Tuvo un Bernabéu abarrotado como ejemplo máximo de civismo: La salida al campo de ambas selecciones fue recibida con aplausos, se escuchó en silencio y de pie el himno soviético, aunque ya no era la Internacional. Y la hoz y el martillo ondeaban en lo más alto.
Otra falsa idea sobre el fútbol: el autor se asombra de que entre sus practicantes haya más universitarios que en el porcentaje general de la época. Olvida su origen elitista (universitario). En aquellos años aún persistía, Calleja y Lapetra eran abogados, Villa de Químicas, Marcelino de Ciencias y Pereda, un simpático músico de Medina de Pomar que tocaba la trompeta en la banda municipal.

















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