Gerard Piqué y la libertad de expresión mal entendida

Y el aficionado al fútbol le devolvió a Gerard Piqué la libertad de expresión sobre la que el central en tantas ocasiones se había escudado para relatar a la prensa y al mundo su postura política. He dicho aficionados al fútbol porque no he contado a quienes se dedicaron a insultar. Faltar al respeto nunca será libertad de expresión, lo diga quien lo diga. El central tuvo que escuchar durante más de veinte minutos todo tipo de improperios en el primer entrenamiento de la Selección española debido a las distintas ocasiones en que se había manifestado a favor de un referéndum, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional y la Unión Europea.
No podemos negar que el derecho a decidir, que lo podríamos incluir dentro de los derechos de primera generación de la lista Karel Vasak, es un derecho fundamental en cualquier sociedad. Sin embargo, y en la medida en que es un derecho dentro de una sociedad, no se puede entender ejercido fuera de la ley, que es el conjunto de normas que entre todos hemos pactado dentro de esa sociedad para convivir, que sería la Constitución.
Gerard Piqué por motivos extradeportivos volvió a conseguir ser el centro de atención, como tanto se ha acostumbrado en los últimos años y como tanto le parece gustar. Quienes asistieron al entrenamiento decidieron pitar al internacional español. Pero instantes antes de que comenzara la sesión, distintos miembros de la Guardia Civil intervinieron varias pancartas de aficionados. Una de ellas rezaba: “Piqué, no quiero que te vayas, quiero que te echen. Eres vomitivo”.
Como decía al principio, y avalado por la jurisprudencia, la libertad de expresión es válida hasta que se damnifica algún derecho fundamental. Es decir, hasta que se ofende a alguien. O, más breve, hasta que se insulta. En una sentencia de septiembre de 2015, el Tribunal Supremo dejó claro que “no puede prevalecer la libertad de expresión cuando se trate de expresiones claramente ofensivas, insultos y vejaciones, aun tratándose de un personaje público, ni por un supuesto derecho de réplica ante manifestaciones previas”. Por lo tanto, todo aquel que responde a Piqué mediante el insulto no puede presumir de estar haciendo uso de su libertad de expresión. Sea del bando que sea. No lo digo yo, lo dice la justicia.
¿Las reglas del juego de la libertad de expresión se trasladan al ámbito escrito? Sí. No porque lo diga la jurisprudencia, que también. Sino porque lo ordena la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Esa misma ley hace un guiño a todo lo dicho hasta ahora en este artículo. Dicha ley entiende por acto racista, xenófobo o intolerante en el deporte “la entonación en los recintos deportivos […] de cánticos, sonidos o consignas […] que atenten gravemente contra los derechos, libertades y valores proclamados en la Constitución”. Un insulto sería una vulneración del derecho al honor y a la integridad moral.
Si la Guardia Civil requisó las pancartas dirigidas contra Piqué fue porque eran consideradas pancartas que incitaban al odio. Volviendo a la Ley contra la violencia y la intolerancia en el deporte, se considera acto racista, xenófobo o intolerante en el deporte “la exhibición de pancartas, banderas, símbolos y otras señales, que contengan mensajes vejatorios o intimidatorios, para cualquier persona […] que inciten al odio entre personas”. Si la pancarta en la que se podía leer que Piqué era “vomitivo” fue retirada fue claramente porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado tenían que hacer cumplir esta ley dentro de un recinto deportivo como es la Ciudad del Fútbol de las Rozas.
¿Y ahora qué toca hacer? Queda por ver qué hará Piqué ante este escenario, quizás inesperado quizás previsible. Julen Lopetegui tiene una gran papeleta por delante. Piqué ha desaprovechado la ayuda que le brindaron sus compañeros en la última concentración para aliviar tensiones, en la que hasta tres jugadores pidieron públicamente que no se pitara a Gerard Piqué. El catalán, lejos de ayudar a apaciguar el clima de tensión que ya de por sí los hechos acontecidos en Cataluña han provocado, de forma totalmente temeraria o inconsciente, ha querido echar más leña al fuego.
¿Por qué hay que juzgar a Piqué: por sus ideales o por su rendimiento? Si es por lo primero, es evidente que es una incongruencia muy grande que el jugador del Barça se siga poniendo la camiseta de la Selección. Si es por lo segundo, es indudable su buen rendimiento. Sin embargo, seguir trayendo a Piqué significa tener una bomba de relojería en el vestuario que puede chocar contra cualquier peso pesado al que no le haya hecho ninguna gracia el referéndum. Está en las manos de Julen Lopetegui, de los jugadores y, sobre todo, de Piqué conseguir el buen ambiente en el vestuario que lleve a España a su undécimo Mundial consecutivo.
El aficionado tiene la misma libertad de expresión que se le ha permitido al pueblo catalán para manifestarse a favor de una cosa u otra. El plebiscito hacia el 3 del FC Barcelona comenzó este lunes. Pero hay que recalcar que la libertad de expresión no es un derecho absoluto. No se impone sobre cualquier cosa. Es un derecho que limita en el insulto. Insultar no es ser libre a la hora de hablar. Insultar es perder argumentos para ser creíble, que duele más.

















Ana | Miércoles, 04 de Octubre de 2017 a las 21:03:51 horas
este periodista es muy bueno. Insultar no es libertad de expresión!
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