F: LaLigaEn recientes temporadas atrás la RFEF ha apoyado el aplazamiento de partidos más trascendentes que los dos de esta jornada 4 sin preocuparse por si su suspensión adulteraba la competición
Estaba siendo un inicio de curso demasiado tranquilo como para dejar pasar la ocasión. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF), en un capítulo más en su afán por manifestar a bombo y platillo su oposición mal entendida hacia LaLiga, ha expresado en un duro comunicado su malestar por la cautelar concedida por el Consejo Superior de Deportes (CSD).
Siendo sincero, y antes de entrar de lleno en materia, desde Las Rozas tienen motivos para estar enfadados si es cierto que el viernes se les concedió un plazo de cinco días para alegar y hoy el CSD ha resuelto. No obstante, hay algo del comunicado de la RFEF que chirría por muchas veces que uno lo lea y lo relea: "El CSD debería resolver sobre el fondo del asunto antes del jueves si no quiere adulterar de una manera irreversible la competición de Primera División en esta jornada y en las siguientes".
¿Desde cuando aplazar un partido en la jornada 4 conlleva adulterar la Competición? Si ponemos el listón tan bajo, la temporada pasada la Primera División habría estado completamente adulterada.
Cabe recordar que Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid no entraron en la competición hasta la jornada 3 debido al descanso concedido por haber terminado tarde la temporada previa a causa de la Liga de Campeones. Unos disputaron el partido aplazado de la jornada 1 en enero del año siguiente y otros en febrero. En definitiva, cuando el calendario les hizo un hueco. Y nadie denunció que se adulterara la competición.
De entrada, sorprende que un organismo presidido por un expresidente de un sindicato no se preocupe en ningún momento durante el comunicado por la salud de los jugadores. Más cuando aseguró en su investidura en 2018 que quería hacer "una Federación para todos".
Pero contenidos aparte, lo que más chirría es que la propia RFEF es esclava de su hemeroteca. Ha habido situaciones varias en los últimos años en las que desde Las Rozas se ha dado el visto bueno al aplazamiento de partidos sin plantearse si ello suponía la adulteración de la competición.
Sin ir más lejos, en octubre de 2019, cuando el Comité de Competición estimó la solicitud de la RFEF de aplazar el Clásico entre el FC Barcelona y el Real Madrid debido a la oleada de manifestaciones independentistas que azotaban la ciudad condal. Por supuesto que la seguridad de todos los asistentes era lo primero, pero nadie se preocupó por si ese aplazamiento suponía adulterar la lucha por el título, aunque fuese en la primera vuelta.
De hecho, LaLiga había solicitado al Comité de Competición invertir el orden de los Clásicos, de tal forma que, al igual que el resto de partidos, el duelo se pudiera jugar durante la misma jornada, solo que en Madrid en lugar de Barcelona. Inversión que fue desestimada por el órgano disciplinario, que prefirió un aplazamiento.
Pero más flagrante fue el aplazamiento masivo que había llevado a cabo la RFEF 4 meses antes, en junio de 2019. Debido a la trágica noticia de la muerte del exsevillista y futbolista del Extremadura José Antonio Reyes, la Federación anunció el aplazamiento de hasta 7 partidos que iban a disputarse en Segunda División: Albacete-Málaga, Cádiz-Extremadura, Lugo-Tenerife, Elche-Deportivo, Mallorca-Granada, Oviedo-Rayo Majadahonda y Zaragoza-Numancia.
Una decisión muy humana para respetar el dolor del fútbol español por la pérdida de un jugador tan carismático como Reyes, pero que, aparte de carecer de supuesto normativo, partía la penúltima jornada de Segunda, con ascensos, descensos y play off en juego.
¿Acaso no adulteraba más la competición aplazar esos 7 encuentros de la penúltima jornada, donde no se interfería en el descanso de los jugadores, que el Sevilla-Barça y Alavés-Villarreal de la jornada 4?
Cualquier postura en relación con la cautelar concedida por el CSD es libre de ser expresada y, por supuesto, respetada. Más, si hay fundamentos de derecho de por medio.
Pero para tener credibilidad (sobretodo siendo una federación deportiva) y no ganarse poco a poco la fama del azote sistemático de LaLiga uno debe de ser congruente y no caer en contradicciones poco cuidadas que no por lejanas en el tiempo son olvidadas.



























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