Se acabó la temporada y con ella la disciplina deportiva
Ciertamente hemos de dar gracias del hecho de que paulatinamente se esté tomando, por medio de la inmensa mayoría de entidades y organismos no solo futbolísticos, sino deportivos en general, una mayor concienciación en la implantación de medidas dirigidas a fortalecer la denominada disciplina deportiva tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.
Y es que poco a poco vamos presenciando la creación de comisiones y organismos varios cuya función principal es la de velar por que la actitud y el comportamiento llevado a cabo por cualquier partícipe en una competición deportiva estén en concordancia con los tan promulgados “valores del deporte” dado que, como todos sabemos, estas actitudes son siempre ejemplo para nuestros menores, tanto para bien como para mal y que, además de ello, terminan afectando directamente a la imagen del deporte y la competición en sí.
Pero pese al ritmo acelerado con que se están instaurando estas medidas, hemos de reconocer que aún hay un largo camino por recorrer pues existen ciertas actitudes que, guardando relación directa con el deporte y sus competiciones, quedan fuera de estas medidas y que igualmente dañan los tan preciados valores deportivos que toda competición busca promulgar.
Lo cierto es que llegada la temporada estival, las competiciones deportivas con carácter general, van llegando a su final, iniciándose con ello las multitudinarias celebraciones a lo largo de toda la geografía por parte de todos aquellos clubes y aficiones que han conseguido alcanzar con éxito los objetivos establecidos al inicio de la campaña.
Estas celebraciones plagadas de vítores y cánticos múltiples, con toda la tranquilidad y normalidad del mundo terminan derivando desgraciadamente en rimas entonadas con el único propósito de insultar y menospreciar al equipo rival, su afición, sus jugadores e incluso los familiares de los mismos en una imagen que para mi entender es cuanto menos muy cuestionable teniendo en cuenta que con carácter general están celebrando títulos o ascensos de categorías.
Normalmente estos hechos son constantemente perseguidos y condenados por todos estos nuevos organismo a los que inicialmente hemos hecho referencia, desde el inicio de la competición deportiva buscando erradicar tales improperios de la boca y mente de deportistas, entrenadores, directivos y aficionados.
Pero parece ser que pocas horas e incluso minutos después del cierre de la competición, estos actos ya no son considerados tan dañinos para el deporte y tanto jugadores como aficiones pueden insultar y menospreciar impunemente con micrófono en mano a diestro y siniestro, y ante esto yo me pregunto, ¿Acaso estos actos de celebración no guardan una estrecha relación con el deporte y la competición deportiva? ¿Acaso los jugadores no siguen siendo en dichos actos ejemplo y referencia para nuestros menores y deportistas amateurs? ¿Acaso no es perjudicial para la competición deportiva que el ganador de la misma, siendo máximo exponente de la competición de ese año, insulte y menosprecie a sus rivales a través de sus deportistas?
Desde mi humilde entender los valores del deporte son también aquellos que hacen que dos rivales en el terreno de juego se saluden a la finalización del encuentro e intercambien deportivamente su camiseta, pero ¿De qué sirve todo esto si acabada la competición se insultan de una manera indiscriminada y comúnmente aceptada?

















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