Grupo criminal
El juez Fermín Otamendi sostiene...Fermín Otamendi es un magistrado real. De existir para la literatura le vendría bien Pamplona, por su connotación onomástica y por su patronímico que tampoco desentona. Pues bien, Fermín Otamendi, juez instructor de Pamplona, sostiene que con la excusa del seguimiento a Osasuna, miembros del denominado Indar Gorri, Fuerza roja, se desplazaban por diferentes ciudades con la finalidad de «cometer delitos de lesiones, sin importarles su gravedad» o participar en riñas tumultuarias «buscando el enfrentamiento físico y violento con los grupos extremistas contrarios».
Por su pertenencia a Indar Gorri se aprovechan de su nombre y recursos económicos, pero separados de él, «a modo de grupo de elite». La finalidad última, explica el juez, consiste en conseguir, mediante delitos, «un estatus de respeto entre los diferentes grupos violentos».
En todos los grupos criminales hay un capo, un lugarteniente, encargados de la parte económica, sin perjuicio de que otros miembros pueden realizar en ocasiones labores de comunicación con otros grupos radicales, o tareas de control económico de los gastos e ingresos del grupo, o de liderazgo o punta de lanza, sostiene el magistrado.
Para ellos, la cuestión deportiva es algo completamente accesorio, hasta el punto de que no todos acceden a los campos de fútbol (o lo hacen avanzado ya el partido).
Las pesquisas policiales evidencian lo que en la presente resolución el juez sostiene: que más allá del seguimiento y apoyo deportivo al Club Atlético Osasuna, lo que verdaderamente quieren los encausados y con lo que realmente disfrutan es con las operaciones de “caza” de seguidores de equipos o grupos radicales rivales con la finalidad de, una vez localizados, agredirlos violentamente.
El análisis de los movimientos de la cuenta bancaria del grupo Indar Gorri, refleja que los integrantes del grupo utilizan, en ocasiones, los fondos de dicha peña deportiva para financiar sus desplazamientos e, incluso, para comprar droga para consumir durante los viajes, tal como también se desprende indiciariamente de alguna de las conversaciones telefónicas intervenidas.
Fermín Otamendi es él mismo que lleva años investigando a la cúpula del club navarro. Sostenía en el recurso de su expresidente contra su fianza “que es difícil encontrar más indicios de una apropiación indebida o distracción de dicho dinero por parte del recurrente”.
“No existe prueba de ningún tipo de que se destinara a las finalidades propias del Club Atlético Osasuna”, resalta el juez, añadiendo que el jerarca rojillo hizo un “uso indebido y en su propio provecho del patrimonio del club”, incluida “la tarjeta que el club puso a su disposición y con la que el recurrente abonó gastos que, en modo alguno, debían ser satisfechos por Osasuna”. Como el pago de un crucero por el Caribe.
De todas las diligencias practicadas se desprende la existencia de una jerarquía entre los miembros del colectivo (lo que, conforme a la jurisprudencia del Tribunal Supremo, supone un importante indicio de la existencia de una organización criminal) y en los que se aprecia el carácter estable del grupo y el reparto de tareas y papeles que es característico de este tipo delictivo. Sostiene el juez, volviendo al asunto de Indar Gorri.
La extensión desmesurada que la reforma penal de 2010 dio a las nuevas tipicidades de organizaciones y grupos criminales, aumenta aún más si se observa la amplitud de las conductas incriminadas en los arts. 570 bis y 570 ter, sostiene ahora el docto penalista. Hay demasiados artículos explosivos en el cajón de sastre que, a veces, contiene el código penal. El presidente de Unidad Editorial, el director y tres redactores de El Mundo han estado a punto de ser acusados de pertenencia a grupo criminal por un juez que les imputa un delito de desobediencia y la revelación de secretos, en el caso Football Leaks, respecto de una supuesta red de fraude fiscal. Hay bufetes que diseñan las estrategias de evasión de impuestos en paraísos fiscales para estrellas del fútbol. Hay abogados polivalentes que forman parte del entorno criminal: lo mismo pueden atacar o defenderse desde la tarima que desde el banquillo de los acusados.
En definitiva, el fútbol sirve a una elite como pretexto para hacer turismo violento, llenarse los bolsillos, apostar en partidos amañados, apañar supuestas subvenciones en Haití, o reunirse en los palcos y apadrinar negocios patrios, aquí o en Maracaibo.

















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