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Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Miércoles, 04 de Enero de 2017

Gregarios y Egregios

Estas navidades sin fútbol profesional me han permitido alguna lectura más en consonancia con mis otros deportes favoritos.

 

Podría decir que el ciclismo lo he practicado casi hasta la muerte. Me ha faltado solo un paso. En consecuencia, siempre entenderé más la dureza de los Pirineos que un simple aficionado, tan dado a atacar en la penumbra del sillón. Dulce bellum inexpertis: la guerra es dulce para los que no combaten. Esta cita de los Adagios de Erasmo abre las memorias de Charly Gegelius, “Gregario”.

 

El sueño de tantos muchachos, como él, es hacer del deporte su modo de vida. Ser profesionales. La magia en la narración de la dura carrera (“Una dura carrera” de Paul Kimmage, recién traducido al español después de 26 años de su publicación, sigue siendo uno de los mejores relatos dentro del género) de un deportista profesional bien puede comenzar, como en el libro, con la sensación de libertad y privilegio que le otorgaba el permiso escolar para saltarse la clase de gimnasia y entrenar con su bicicleta. Al traspasar el bullicio del patio, “dejaba atrás una vida normal y corriente, y empezaba a adentrarme en el mundo con el que había soñado”. En este mundo de farándula y pompa mediática, esa es la celada. Lo que viene después en el fútbol, depende. En el ciclismo nadie lo piensa ya.

 

Lo que viene después tiene que ver con la gloria. Sorprende la confesión del autor: Renunció a ganar. A la gloria individual cuando el peso de ganar, “sí o sí”, se le revela insoportable. Entre los deportes colectivos habrá que recordar que los triunfos de Merckx son imborrables, pero pocos lo extenderán a su equipos, ya olvidados, el Molteni...En cambio, los triunfos en el fútbol parecen pertenecer más al club y a las selecciones nacionales. Gana España o el Real Madrid, con los goles de Ronaldo o de Ramos, acaso.

 

Sin embargo, los hechos muestran el conformismo. Aunque en la meta solo gana el primero, los gregarios sienten tanto o más suyo ese éxito. No en balde, el DRAE reconoce el término gregario para el corredor encargado de ayudar al cabeza de equipo o a otro ciclista de categoría superior a la suya. Y, desde luego, el pelotón visto en carrera, es un rebaño (o grey, raíz de gregario). En un equipo de fútbol, aun siendo un juego colectivo, abundan las aspiraciones individuales, los protagonismos y sus tics. El gregario asume su condición proletaria en el ciclismo, lo que cuesta más a los proyectos de estrellas o galácticos en el balón. Una famosa filastrocca (cantinela) condensa su vida: “Filastrocca del gregario/ corridore proletario, che ai campioni di mestiere/ deve far da cameriere, e sul piatto, senza gloria, serve loro la vittoria.”


El gregario solo pide al líder que reparta los premios, las migajas de la tarta. Pasará desapercibido para los medios y periodistas que no han montado en su vida ni en triciclo, pero le bastará el reconocimiento de sus compañeros, la palmada del director e ir asumiendo galones dentro del pelotón. No tardará en comprender que ha sacrificado su juventud por algo que no es más que un trabajo (faire le métier) con un sueldo venido a menos, de obrero. Tratará de pagar la hipoteca y no hacer las pavadas que tanto vemos en futbolistas, que se dejan la ficha en el local de moda con el último corte de pelo, el último iPhone, el último bólido.

 

Como ocurre con la alta competición, en general, olvidará el último día que disfrutó con lo que hacía. Te harás viejo con tan solo 30 años, sin equipos que te reclamen, móviles que respondan, contratos que se alarguen. Te agradecerán los servicios prestados, te desearán un futuro plagado de éxitos, pero sin que para los suyos estimen ya necesarios los tuyos. Tomarás conciencia de tu propia muerte, porque ves como tu carrera se acaba sin remedio.

 

Si la vida es breve, la del deportista y su gloria aún son más efímeras.

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