Oda al fútbol de abajo
Se juegan tantos partidos en espacios próximos o televisados que resulta complicado saber a qué carta quedarse. Cómo adivinar que los armeros del Eibar iban a hacer honor a ese apelativo. No tolero que el grande machaque al pequeño y menos con ayudas externas (insondables) que violenten la pura competición. Ya por sí demasiado desnivelada.
De haberme quedado en la capital el anterior fin de semana, aún sin salir de sus dominios me habría sobrado tiempo para disfrutar de la fiesta vallecana y su hermandad con la afición gaditana. Hago un excursus: jamás le perdoné a Agustín García Calvo su himno bien pagado de la Comunidad de Madrid, en cambio, reproduzco aquí ese otro finalista que mi compadre Javier Ruibal compuso para el club de la tacita de plata:
Se cuenta que ya en tiempos de Tiberio
en Gades hubo un equipo puntero
que todos los domingos del Imperio
juntaba en el Estadio
a los romanos futboleros.
Con todo esto quiero señalar que en el mundo informativo, después de la primera plana, las hojas de relleno las ocupan los equipos con buena prensa. El Cádiz y el Rayo gozan de las mayores simpatías, las mías también, y los arropan ciudades y barrios enteros (Vallecas, con mucha más población que Cádiz lo es). Y claro, esa confraternización está muy bien, y mejor lo estará en la vuelta con un paseo por la Caleta y un cartucho de pescaíto en la Viña, qué horror las barbacoas del Carranza. Cómo no disfrutar de Cádiz que es la Habana con más salero.
Si se fijan en los periódicos deportivos no hay para más, no hay una tercera vía: los equipos “de provincias” o infraprovinciales no cuentan. El Lugo Invictus, Lucus Augusti, se enfrenta el próximo día del señor, dies dominicus, al Mirandés, antigua Deobriga, el otro invicto de la categoría. Pocos lo verán en un fin de semana de fútbol sin Primera. Anduva no defraudará, seguro.
Existe como en la ejemplar fábula de la escudilla de altramuces del conde Lucanor, un pobre aún mayor que tú; Por padecer pobreza nunca os desaniméis, porque otros más pobres un día encontraréis.
¿Quién se ocupa de un Haro-Calahorra? Sin embargo fue un partido, como otros muchos en clave regional, que responde a rivalidades tan añejas o más. Con juego táctico igual de aburrido al de, a veces, esos entrenadores que ganan lo que que tantos artistas del balón juntos. Con errores más gruesos, incluidos los arbitrales.
Por eso mismo se aprecian más los aciertos (en los remates, en las paradas, en los pases, en las apreciaciones de los fuera de juego...) y los supuestos valores del deporte. ¿Pero ustedes saben? Se enfrentaban las legiones bimilenarias de Calagurris contra los beodos de Ebro arriba con aficionados que no verán ni en Champions, incombustibles e inconfundibles, Axtérix y Obélix, tipos capaces de saltarse las tapias de 30 metros de su estadio, es un decir, construido en los tiempos de los pelotazos y los ayuntamientos idiotas, ebrios de la misma salsa, la del dinero llovido del cielo y los delirios de grandeza.
“Efectivamente, la racional simplificación estructural de la pieza, eleva su grandeza con un suave gesto mínimo, a modo de gran palio, definido por la leve doble curva de su trazado, como si dos alvéolos convergentes se unieran...”
(Texto perteneciente al proyecto del nuevo Mazo, campo municipal del Haro Deportivo)

















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