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Javier Rodríguez Ten
Javier Rodríguez Ten Domingo, 18 de Septiembre de 2016

Contra el clásico "biscotto" de final de temporada

Al hilo de una noticia aparecida hoy en EL PAÍS, lo cierto es que nadie le pone el cascabel al gato en los partidos de final de temporada en que el empate es beneficioso para los dos contendientes y se dedican a sestear. Hay formas y formas. Al menos que no lo parezca...

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Todas temporadas se producen curiosidades clasificatorias en las que dos equipos que juegan el partido final, con un determinado resultado en éste pueden conseguir su objetivo. Y evidentemente ese resultado suele darse, no nos engañemos. EL PAÍS cuenta hoy esto (ACCEDER AQUÍ).

 

Lo cierto es que resulta comprensible que dos equipos que con un empate logran su meta clasificatoria jueguen sin arriesgar, porque el resultado les vale; tampoco se trata de que dichos equipos se suiciden para favorecer a un tercero. Lo que no puede ser es vergonzoso a niveles insospechados, como pasa a veces. En Madrid, hace muchos, muchos años, en un partido regional de este tipo un árbitro pidió al delegado una silla y se sentó en el centro del campo (verídico). Eso es lo que no puede ser.

 

Más grave es que el resultado sea determinado, como la victoria de uno por un número determinado o no excesivo de goles. Ahí si que ya se trata de un fraude absoluto y en toda regla, distinto a lo anterior. Similar a dejarse ganar. Y que suele terminar con un sesteo general cuando ese resultado se produce. Porque esas cosas se "huelen".

 

Curiosamente, FIFA se inhibe en estos casos. El árbitro no tiene potestad alguna al respecto, y debería tenerla. Ya no se trata de indicar en el acta que un partido está siendo objeto de un aparente acuerdo que genera una falta de competitividad de uno o de ambos equipos clamorosa (que no valdría para nada), sino de dotarle de la facultad de suspender el partido si lo detecta, y ser objeto de la debida cobertura por parte de los órganos federativos. Que lo que resta de partido, o todo entero se tenga que jugar posteriormente y bajo control federativo, previa imposición de una posible sanción a los clubes (económica, incluso restar puntos o restar el valor de los puntos del encuentro...) podría ser una solución, también problemática pero que posiblemente evitase o redujese algunos espectáculos que se vienen produciendo.

 

Porque si el árbitro tiene potestad para entrar en la mente de un jugador y saber si dió al balón con la mano intencionadamente o no, si cedió el balón al portero a propósito o no, etc., está capacitado para entender que un partido está siendo objeto de un comportamiento anómalo de uno o ambos equipos y poder suspenderlo e informar de los motivos. Y después, que se decida al respecto.

 

Como medidas complementarias podríamos introducir la solicitud de los terceros afectados para la presencia de un delegado federativo, el derecho de éstos a grabar el partido en vídeo como prueba de posibles irregularidades, etc.

 

Todo ello, por supuesto, en defensa del fair play...

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