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EDITORIAL DE IUSPORT
EDITORIAL DE IUSPORT Jueves, 21 de Abril de 2022

Supercopa, "variables" y conflicto de intereses

Lo primero que salta a la vista es cómo, acertadamente, el código no exige que se consume una irregularidad para declarar que hay conflicto de intereses

 

Desde el lunes, cuando El Confidencial publicó los primeros audios de Luis Rubiales y Piqué relacionados con la Supercopa en Arabia Saudí, hemos sido testigos de un aluvión de informaciones y comentarios, la mayoría críticos.

 

Pero, dentro de ese maremágnum, hay un denominador común en las informaciones de los medios de toda España y las conversaciones de los aficionados: la concurrencia de un posible conflicto de intereses.

 

Pues bien, el análisis del caso debe hacerse, no de acuerdo con el criterio de cada uno de nosotros, sino a la luz de lo que regula al respecto el Código Ético aprobado por la propia RFEF y publicado en su web oficial.

 

Lo primero que salta a la vista es cómo, acertadamente, el código no exige que se consume una irregularidad para declarar que hay tal conflicto.

 

Dice el código en su art. 22 que el conflicto de intereses "surge cuando las personas sujetas al presente Código tienen, o dan la impresión de tener, intereses secundarios que puedan influir en el cumplimiento independiente, íntegro y objetivo de sus obligaciones".

 

Basta, por tanto, con dar la impresión de tener intereses secundarios que puedan influir en el cumplimiento independiente, íntegro y objetivo de sus obligaciones, para que pueda declararse el conflicto. No hace falta que se produzca un incumplimiento independiente, íntegro y objetivo de las obligaciones.

 

En el caso actual, el quid de la cuestión radica en las suspicacias que ha levantado la parte variable de la retribución del presidente de la RFEF, que ahora es Luis Rubiales pero que podría ser otra persona y, salvo que la Asamblea General cambie el sistema retributivo del presidente, también le afectaría a su sucesor y sucesores en el cargo.

 

Por consiguiente, no es una cuestión circunscrita a Luis Rubiales, ni es reprochable a él en exclusiva, sino a todos los miembros de la Asamblea General que votaron a favor de su aprobación.


La percepción de una parte variable en la retribución, condicionada por los resultados económicos, una modalidad que en otros ámbitos no genera ninguna suspicacia (ejemplo, un CEO de una empresa que vende aparatos de informática y similares), se ha visto que es incompatible con la naturaleza de una federación deportiva, una organización que es privada pero que ejerce por delegación determinadas funciones públicas y bajo cuyo paraguas hay distintos estamentos con intereses contrapuestos que confluyen en su actividad ordinaria (las competiciones).

 

Este miércoles, Luis Rubiales reconoció que, efectivamente, el hecho de que el Real Madrid y el Barça queden en primero y segundo lugar incide en su nómina.

 

Independiente de la cuantía, es obvio que este sistema retributivo afecta a la integridad de las competiciones, una cuestión por la que siempre se ha preocupado el actual presidente de la RFEF.  

 

Este mismo miércoles, en el partido Atlético de Madrid-Granada  se escucharon gritos de "corrupción en la Federación". Independientemente de lo que cada uno de nosotros podamos pensar, está claro que vienen motivados por la cuestión que estamos analizando.  Es decir, no porque exista esa corrupción, sino porque "las personas sujetas" al Código Ético "dan la impresión de tener intereses secundarios que puedan influir en el cumplimiento independiente, íntegro y objetivo de sus obligaciones", aunque no tengan efectivamente tales intereses.

 

Sería muy grave que esos gritos del Metropolitano se repitiesen en los demás estadios de España, ya que dañaría aún más la imagen de la RFEF, la del fútbol español y la del deporte español en su conjunto.

 

El propio Luis Rubiales manifestó en varias ocasiones durante el día su predisposición a cambiar su sistema retributivo y eso es lo que se espera acuerde la primera Asamblea General que se celebre tras estos desagradables hechos.

 

Lo correcto sería, pues, fijar una retribución fija para el presidente en los presupuestos de cada ejercicio, acorde con la dedicación y responsabilidades inherentes al cargo. En esto la Asamblea General es soberana, sobre todo si acuerda, como ya ha hecho anteriormente, que la retribución se abone, exclusivamente, con cargo a los ingresos privados que perciba anualmente la Federación.

 

 

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