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Eva Cañizares
Eva Cañizares Lunes, 13 de Junio de 2016

La violencia en el futbol. Responsabilidades y claves para su erradicación

El fútbol vuelve a estar en el punto de mira por la violencia que rodea a una parte de los aficionados desplazados a Francia supuestamente para animar a sus correspondientes selecciones en la Eurocopa 2016. Estos episodios violentos han motivado la apertura de expediente disciplinario a la Federación Rusa de Fútbol por los disturbios, comportamientos racistas y uso de bengalas protagonizados por una parte de sus aficionados durante el encuentro que enfrentó a la selección rusa y la inglesa, y que finalizó con empate a uno en el marcador. Sin embargo, estas escenas de violencia no han sido más que la continuación a las vividas en Marsella los tres días anteriores al partido en las que seguidores ingleses y rusos tuvieron que ser disueltos por la policía, y que se han saldado con más de 20 heridos, uno de ellos en estado crítico.

 

Pero ¿quién es responsable de los daños provocados por los aficionados de las selecciones nacionales que juegan la Eurocopa? ¿qué establece el Reglamento Disciplinario de UEFA al respecto de la violencia en los campos de juego en los partidos de las competiciones que organiza? Pues bien, en su artículo 16 -“Orden y seguridad en los partidos de las competiciones UEFA”- determina que las Federaciones nacionales son las responsables del orden y la seguridad dentro y alrededor del estadio antes, durante y después de los partidos. Son responsables de los incidentes que se produzcan, sean del tipo que sean, y pueden ser objeto de medidas disciplinarias aunque puedan demostrar la ausencia de negligencia en relación con la organización del partido en el caso de que los aficionados lancen objetos, utilicen bengalas, y en cualquier otra falta de orden y disciplina de aquéllos observada tanto en el interior como en el perímetro del estadio.

 

Trasladado a los incidentes de Marsella, implica que: 1. Las Federaciones de Fútbol de los países cuyos aficionados han protagonizado los episodios de violencia – Rusia e Inglaterra - son las responsables de las consecuencias que se deriven de aquéllos y, por tanto, sobre las que recaerán las medidas disciplinarias correspondientes; y, 2. Las Federaciones solo son responsables de aquellos incidentes siempre que se produzcan dentro y alrededor del estadio. Por tanto, las consecuencias de los actos violentos que se sucedan por las calles de Marsella son responsabilidad de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del país organizador, en este caso Francia, que son los que tienen que actuar tanto para evitar como para disolver y resolver aquéllos.

 

Responsabilidades aparte, lo cierto es que estos acontecimientos vuelven a poner de relieve un grave problema que, sin ser nuevo, ensombrece el mundo del fútbol y provoca reacciones de diversa índole. Bien es verdad que, en los últimos años, las gradas han ido cargándose notoriamente de violencia e intolerancia. No en vano, el fútbol es una de las pasiones en las que más se acentúa el sentido de pertenencia a un colectivo, es el negocio de la lealtad, un generador insaciable de identidades que potencian un “nosotros” que trasciende el rectángulo de juego, lo que, muchas veces, origina la existencia de grupos extremistas y violentos en los estadios y fuera de ellos. Frente a esto, las respuestas tanto de las instituciones civiles como de las altas instancias deportivas no son todo lo rigurosas que se requiere para un problema de tal magnitud porque, lamentablemente, una vez que pasa el suceso decae la atención pública, y, con ello, se genera la apariencia de que ya no son necesarias las medidas.

 

A ello hay que añadir un dato muy relevante como es que en el fútbol, en mayor medida que en cualquier otro deporte, hay muchos intereses económicos en juego, lo cual facilita la aparición de ese tipo de comportamientos tan alejados del concepto de deportividad y esa falta de respuesta que hemos pregonado de las instituciones competentes, precisamente, por no poner en riesgo dichos intereses.

 

Sin embargo, en la opinión pública esta situación sí que provoca la exigencia de que se regulen y se aplique dicha regulación a ciertos comportamientos violentos. Aunque el problema no es tanto la falta de armas legales suficientes para luchar contra este tipo de comportamientos censurables, que las hay, como la falta de aplicación contundente de las mismas, lo cual conlleva que no se logre reducir el número de actos de violencia que, a la vista queda, llevan muchos años desatendidos en el fútbol. Claro ejemplo de que ello es así es el fútbol inglés que logró reducir la violencia al mínimo combatiendo la impunidad e imponiendo sanciones ejemplares, pero no de una manera indiscriminada sino trazando una línea muy clara entre los aficionados y los violentos.

 

En definitiva, es necesaria la aplicación de un procedimiento sancionador adecuado - no indiscriminado -, y la adopción de medidas ejemplares que garanticen el cumplimento íntegro de las sanciones disciplinarias o, en su caso, penales impuestas, pero no podemos olvidar que para erradicar la violencia en el fútbol son imprescindibles, además, actuaciones en materia de educación, prevención, sensibilización y diálogo que borren esa adicción al fútbol que aboca a los aficionados radicales a trazar una línea roja entre el “nosotros” y el “ellos”, y, de ese modo, eliminen el fanatismo y su defensa irracional de la identidad que se materializa en el odio al rival.

 

Impunidad cero, educación y prevención. Ahí está la clave.

 

Eva Cañizares Rivas. Abogada especialista en Derecho y Gestión Deportiva. Directora del BNFIT Fundición del grupo Santagadea.

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