Actitudes machistas fuera de juego
Dos semanas. Dos semanas han pasado y se sigue hablando del famoso penalti, que si genialidad o no genialidad, que si falta o no de respeto, unos que sí, otros que no, que si Messi, que si Ronaldo (que a ver qué pinta Ronaldo en todo esto)… ¿De verdad que no hay otras noticias deportivas más relevantes? Partiendo de la base de que considero que ni es genialidad, ni falta de respeto, ni se vulnera norma alguna reglamentaria con esta modalidad de tiro –ya utilizada anteriormente, entre otros, por Cruyff-, y que, por este motivo, considero que no hay que dedicarle más tiempo a este asunto. Lo traigo a colación porque comentando todo esto en un ámbito doméstico, al ir a buscar el vídeo me he encontrado con otras noticias que, siendo de mayor importancia por el rechazo que deberían provocar en la sociedad, sin embargo no gozan de tal “privilegio” porque, queramos o no, el fútbol está diseñado por y para hombres.
Vaya por delante que este no es un artículo feminista, ni victimista por el hecho de que quien lo escribe es una mujer. De hecho nunca he reivindicado derecho ni obligación específica alguna por mi condición femenina, no me gustan nada las llamadas cuotas de género, y, en general, todo lo que suponga que le corresponde a la mujer por el simple hecho de serlo, la cansina distinción de géneros (en todos los ámbitos) que no hace sino remarcar que hay dos grupos diferentes. Pero, por las mismas razones, me parece indignante la permisividad de ciertas actitudes machistas en el mundo del fútbol. Y, lo que es más grave, no sólo a nivel de grada sino a nivel institucional. Y no me refiero con esto último solo a la escasa representación de mujeres en los órganos de decisión de las altas esferas deportivas, a pesar de los cambios que como ahora veremos.
Como iba diciendo, buscando el video de Messi leo en un periódico extranjero las críticas que le han llovido a una presentadora de BT Sport después de publicar un mensaje en las redes opinando sobre el famoso penalti: “Cuanto más veo el penalti de Messi, más irrespetuoso me parece. Deja que Suárez lance el penalti si quieres ser tan buen compañero". Por estas palabras, recibió múltiples tuits con mensajes tan machistas como "necesitamos sandwiches, no opiniones", “en algún lugar hay una cocina y echa de menos a alguien" o "esto es lo que pasa cuando pones a una mujer a ver fútbol". Visto lo visto, la periodista añadió "Solo una pequeña muestra de lo que las mujeres tenemos que aguantar. El delito es ser una mujer y expresar una opinión. Todavía queda mucho por hacer" a lo que fue replicada que "el fútbol no va de respeto".
Es obvio que el fútbol no forma parte de las preferencias de muchas mujeres, pero ello no justifica la discriminación que sufren las que sí sienten interés, del tipo que sea, por dicha práctica deportiva y, lo que agrava aún más la situación, que dicha marginación sea ignorada. Y, como ya he referido antes, lo que es más grave es que no solo no sea combatida desde las instituciones deportivas sino que se fomente desde ellas. Me refiero al artículo 24 del Real Decreto 1835/1991, de 20 de diciembre, sobre Federaciones Deportivas Españolas y Registro de Asociaciones Deportivas que, como ahora verán, contempla una de las más evidentes discriminaciones directas hacia las mujeres que perviven en el deporte español: “La denominación de las Ligas profesionales deberá incluir la indicación de la modalidad deportiva de que se trate. No podrá existir más que una Liga Profesional por cada modalidad deportiva y sexo en el ámbito estatal.”
Es decir, tal y como está redactado el citado precepto - y centrándonos en el ámbito del fútbol como deporte con mayor influencia y repercusión social y en el que, por tanto, estas diferencias aún se hacen más abismales -, lo cierto es que se imposibilita el hecho de que haya una liga de fútbol profesional femenina al existir una liga de fútbol profesional masculina. Es obvio que se trata de una discriminación por razón de sexo que, de una forma más o menos explícita, vulnera la Constitución ya que el ejercicio de una misma práctica deportiva, en una misma categoría, por hombres y mujeres, otorga diferentes derechos a unos y otras, circunstancia amparada sin pudor tanto por la propia FEF, como por la Liga, como por el ente superior a ambos, el CSD.
Lo objetable no es ya la discriminación en sí sino las consecuencias que se derivan de la misma en los distintos ámbitos deportivo y laboral. No hay más que ver cómo las mujeres futbolistas sobreviven con contratos basura que, en muchos casos han de compaginar con otro desempeño profesional para subsistir, dada la situación de precariedad que rodea al fútbol femenino en parte, por esa limitación reglamentariamente impuesta.
Y no sólo con respecto al ámbito contractual, a las mujeres también les toca lidiar con discriminación laboral a la hora de acceder a otros puestos como el de entrenador, médico o fisioterapeuta -dentro del club de fútbol-, el de árbitros e, incluso, aunque a menor nivel, el de periodista deportiva. Tienen que soportar una grada hostil desde niñas en los entornos en los que practican fútbol, tanto como futbolistas como árbitros, carecen de modelos a las que imitar debido al nulo desarrollo del fútbol profesional femenino y a la inexistente promoción en los medios de comunicación públicos y privados de esta modalidad. Todo lo cual es una espiral negativa sin fin dado que si no hay desarrollo ni promoción, no se generan ingresos y la precariedad laboral se intensifica y perpetua.
Fuera de nuestras fronteras la situación no es menos criticable. A la incomprensible obligación impuesta a las mujeres por la FIFA de jugar el Mundial sobre un pavimento artificial, que entorpece claramente el juego, se une otro agravio comparativo intolerable del que ya escribí hace unas semanas para este medio, con mi compañero JL Pérez Triviño (La insensibilidad de género de la FIFA): la humillante "verificación de sexo” recogida en el artículo 4.2 del Reglamento de Verificación de Sexo, supuestamente, para asegurarse de que los jugadores "sean del sexo correcto". Esta práctica está derivando en un abuso de las mujeres que no se ajusten a las normas de feminidad que se ven sometidas a investigaciones humillantes y estigmatizantes. Y digo mujeres porque, aunque el precepto habla de “jugadores”, hasta la fecha solo las jugadoras han pasado dichos procesos de verificación, ningún equipo ha sometido a sus jugadores masculinos a dichos procedimientos.
Y esto en el entorno deportivo-laboral. Pero la situación fuera de dicho ámbito no es más propicia. No hay más que ver semana tras semana las gradas utilizando a las mujeres como objeto de humillación por parte de los hombres que llenan aquéllas. Recordemos la pancarta “Shakira es de todos" que la afición del RCD Espanyol “regaló” a Piqué hace pocas semanas en el encuentro que enfrentó a ambos clubes, o los cánticos en el estadio del Real Betis insultantes y ofensivos a la expareja de Rubén Castro con motivo de la denuncia que interpuso contra éste por violencia de género.
Si a todo ello le unimos cuestiones culturales, religiosas, sociales, etc, nos encontramos con multitud de aspectos discriminatorios que van desde la indumentaria (desde las calzonas ceñidas que, a modo de “broma”, proponía Blatter en las mujeres para favorecer el espectáculo, a los pañuelos, burkas y otros en algunas sociedades árabes) a casos como el de la capitana de la Selección de Fútbol de Irán que no pudo acudir a la Copa Asia porque su marido, periodista deportivo, le quitó el pasaporte alegando que tenía que atender obligaciones domésticas, amparado por las leyes del país que permiten al varón la toma de este tipo de decisiones.
En definitiva, el problema de la discriminación de la mujer no está en la grada, ni a nivel legal, ni en las instituciones. Ni es un problema puntual en España o en otros países. Es un problema global educacional que contamina a todas las sociedades y, por ende, a todas las instituciones deportivas existentes en ellas y al que, necesariamente, habrá que dedicar tiempo para solucionarlo, si es que lo encuentran entre tanto escándalo protagonizado por los hombres que dirigen las instancias del fútbol nacional e internacional.
Porque ni el fútbol es fútbol, como decía Boskov, como justificación de todo, ni pueden primarse el éxito y el triunfo a toda costa. Deben primar valores como el respeto y la igualdad, y se ha de velar por la erradicación de cualquier actitud que denote la falta de esos valores. A la integración entre el fútbol femenino y el masculino todavía le queda mucho camino por recorrer. Es un trabajo de equipo trabajar para dejar las actitudes machistas en fuera de juego.
Eva Cañizares
Abogada especialista en Derecho Deportivo
Directora del BNFIT Fundición del Grupo Santagadea

















sabino lópez | Lunes, 29 de Febrero de 2016 a las 21:06:18 horas
Entiendo que el Artículo 24 del R.D. 1835/1991 de 20 de diciembre, establece que no puede haber más de una Liga profesional femenina o masculina por modalidad deportiva, a nivel estatal. Es decir, no puede haber dos Ligas profesionales de fútbol femenino a nivel estatal ni dos ligas de futbol profesional masculinas a nivel estatal. No veo que tal precepto establezca el que no pueda haber una liga profesional femenina a nivel estatal y, por tanto, no avala discriminación alguna.
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