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2022, un curso extraño para Nadal, que arrancó a lo grande y le cambió la vida

EFE/IUSPORT EFE/IUSPORT Lunes, 26 de Diciembre de 2022
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Fue para Nadal un curso extraño el del 2022 que arrancó a lo grande, se estancó en su ecuador y decayó en su final, sin disposición para el despegue

Estrena el balear en su Manacor natal sus primeras navidades como padre a un paso de iniciar su vigésimo segundo curso como profesional. Casi cuatro meses de adaptación a su nueva condición, a una situación desconocida. Para los viajes y la distancia. Para su rutina. Un devenir personal inexplorado y un acontecer incierto sobre la pista.


Fue para Nadal un curso extraño el del 2022 que arrancó a lo grande, se estancó en su ecuador y decayó en su final, sin disposición para el despegue. Brilló el español al inicio, arrollador. Invicto durante sus primeros torneos que conquistó. Melburne, el Abierto de Australia y Acapulco. Veintiuna victorias seguidas. Una racha que solo estancó marzo, en la final de Indian Wells, por una fisura en sus costillas.

Dos meses tardó en regresar a las pistas. Fue en Madrid. En el Masters 1000. El cuerpo le dio hasta los cuartos de final. Siguió en Roma. No pasó de octavos. Pero llegó Roland Garros y no perdonó. Recuperó su nivel y volvió a reinar en París por decimocuarta vez. Fue su vigésimo segundo Grand Slam, más que nadie. Dos por encima de Federer y, por entonces también, de Novak Djokovic al que volvió a ganar en los cuartos de final de la competición.

Pero las advertencias físicas no dan tregua al español que mantiene una permanente y particular lucha con las lesiones y la cancha, que divide su esfuerzo y su tesón entre los condicionantes físicos y el juego. Que apuntala su fortaleza con las exigencias de la recuperación de cada contratiempo de su cuerpo y la puesta a punto ante la red.

No regresó el balear hasta agosto. Se probó en Cincinnati y perdió en su debut. Y en Nueva York, en una gran ocasión para agrandar su cuenta de majors, sin Djokovic ni Daniil Medvedev, no pudo pasar de octavos.

Echó el resto del curso a duras penas. Eliminado en primera ronda en París Bercy y con una sola victoria en el torneo de Maestros de Turín. Pero lo importante estaba hecho.

Cierra sin reproches el año Nadal, a la espera del dictado de su cuerpo para lo que viene. La pista marcará el futuro, aún con alicientes, aferrado a la salud y al empuje de los novatos. Y de Djokovic, también eterno, que reaccionó a los malos ratos y el veto por las secuelas de la pandemia en el primer tramo del curso pero que advirtió de la pauta a seguir con el triunfo en Wimbledon, veintiún Grand Slam y un final de temporada en erupción.

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