Política trans de la Internacional de Triatlón: más sombras que luces
F. ShutterstockWorld Triathlon ha adoptado una política trans sin ninguna evidencia científica que la respalde y tremendamente perjudicial para las mujeres triatletas.
La Federación Internacional de Triatlón (World Triathlon) anunció el pasado 3 de agosto su nueva política transgénero. En un momento en el que la tendencia de las federaciones deportivas es no permitir a los varones en la categoría femenina ante la evidencia científica disponible (véanse World Rugby y FINA), el triatlón pasará a permitirlos si éstos reducen su concentración de testosterona en suero a 2,5 nmol/L durante dos años.
La política fue aprobada por su Comité Ejecutivo, según su comunicado, tras un período de consultas con los comités médico, de deportistas, de entrenadores, legal, de mujeres e igualdad, de diversidad e inclusión, así como con múltiples expertos en el campo y la comunidad transgénero.
Esto es lo que sabemos por el momento:
- Ninguna reducción de testosterona elimina lo que la pubertad masculina hizo al cuerpo, y los varones siempre retienen ventaja sobre las mujeres, aun reduciendo su testosterona, como se concluye aquí por Harper et al.
- Los comités de deportistas y entrenadores, que es a quienes afecta, estaban en contra.
- La presidenta de World Triathlon, Marisol Casado, reconoció hace poco en los Desayunos Deportivos de Europa Press que “no tenían datos” para elaborar la política trans.
- Entre las personas de la comunidad transgénero, están las siguientes:
- Joanna Harper, mujer trans que participó en la elaboración de las directrices del Comité Olímpico Internacional de 2015 [1]. Harper ha reconocido en numerosas ocasiones que los varones retienen ventaja aun tras los tratamientos de supresión de testosterona (como se puede ver en el estudio antes citado y aquí).
- Verónica Ivy (antes Rachel McKinnon, antes Rhys McKinnon), varón que ha ganado múltiples premios en el ciclismo femenino –incluidos mundiales y establecido récords–, que defiende que los varones que lo deseen deben poder competir en la categoría femenina sin restricciones de testosterona y ha manifestado públicamente su deseo de que las mujeres “mueran quemadas” (como leen).
- Asimismo, Verity Smith, Rachel McBride y Anne Lieberman, quienes como deportistas compitieron conforme a su sexo biológico (el femenino) [2].
- Joanna Harper, mujer trans que participó en la elaboración de las directrices del Comité Olímpico Internacional de 2015 [1]. Harper ha reconocido en numerosas ocasiones que los varones retienen ventaja aun tras los tratamientos de supresión de testosterona (como se puede ver en el estudio antes citado y aquí).
No existe ninguna evidencia de que, si un varón reduce su testosterona por debajo de 2,5 nmol/L (ni ningún otro) durante dos años, se elimine la ventaja inherente al sexo masculino. Al contrario: existe de que no es posible eliminarla, como expliqué aquí. Añadir que si se ha competido como hombre se debe esperar un plazo de cuatro años sirve, simplemente, para eliminar de la ecuación a quienes pueden destacar y poner de relieve la ventaja mediante una mejora relativa de su posición como hombre a como mujer. Entonces, ¿por qué establecer un nivel de testosterona (el que sea) para permitir a varones competir en la categoría femenina?
La cuestión de la ventaja ya no es siquiera, en mi opinión, nuclear, pues al margen de ésta, considero que debe plantearse el debate en términos de una cuestión objetiva de discriminación por razón de sexo. Las mujeres han sido históricamente discriminadas en el deporte, y su participación sigue siendo baja en comparación con la masculina. Según la última Estadística del Deporte Federado del Consejo Superior de Deportes (2021), solo el 24,6% de las licencias corresponden a mujeres. Y debo señalar que ni siquiera esa cifra es cierta, pues en la misma se incluyen personas que biológicamente son varones, pero que se han declarado mujer y compiten como tal en España. Aunque se consiguiera demostrar que la ventaja puede ser eliminada, dar plazas –no hablemos ya de récords o premios– de la categoría femenina a hombres supone dar objetivamente más oportunidades, récords o premios a éstos, en detrimento de las mujeres.
La categorización por sexos garantiza un reparto igualitario entre ambos. Competir conforme al sexo biológico, en contra de lo que se deduce del comunicado de World Triathlon cuando afirma que con su política “querían mostrar inclusión”, no es excluyente. De hecho, (i) muchos hombres trans, de sexo femenino, siguen participando en la categoría de su sexo, la femenina, sin ningún problema –y si no, vean algunos casos que cito aquí o los propios deportistas trans consultados Smith, McBride y Lieberman–, y (ii) la política de Triatlón no se puede considerar inclusiva, porque excluye a mujeres y a hombres trans, al darle más oportunidades a los nacidos varones.
Añadido a lo anterior, las políticas trans de las federaciones que establecen límites de testosterona ni siquiera son buenas para las personas trans, pues las empujan a someterse a tratamientos que pueden no querer (no todas las personas trans se someten a HRT) y/o que pueden perjudicar su salud. Las personas trans deben poder practicar deporte sin que se les presione a someterse a tratamientos, e incentivarlos es contrario a los propios principios de deporte-salud.
El primer interrogante al que las federaciones deportivas deben responder es: ¿conforme a qué criterio queremos categorizar las competiciones? Porque si éste es el sexo, éste no se puede cambiar. Reducir la testosterona no cambia el sexo. ¿Es por testosterona? ¿No debería entonces permitirse a todo varón (sea trans o no) participar en la categoría femenina, si reduce ésta? ¿No debería cambiarse el nombre a las categorías entonces a “de más testosterona” y “menos testosterona”? ¿Por qué no se hace lo mismo con, por ejemplo, las categorías de edad, esto es, permitir a personas mayores competir en categorías inferiores si reducen su testosterona?
La Federación Mexicana de Triatlón mostró su desacuerdo mediante su red social de twitter, manifestando que la federación “no está a favor de esta decisión que tampoco está avalada por el comité de atletas ni por el comité de entrenadores y debería ser decidida por el Congreso”, anunciando que propondrían una resolución en el próximo para revertirla, una reacción que ha sido ampliamente aplaudida.
No le falta razón a la federación mexicana. Cierto es que, conforme a sus Estatutos, compete al Comité Ejecutivo de World Triathlon la aprobación de sus regulaciones. Pero el Congreso lo es para “decidir todos los asuntos de interés común para el deporte” del triatlón, lo que sin duda es el presente. Así hizo, por ejemplo, la Federación Internacional de Natación, la que, en un ejercicio de loable transparencia, llevó a su Congreso a los expertos que participaron en el proceso, mostraron la evidencia disponible, y fue el Congreso el que decidió.
Conocemos también la posición de la federación británica, pues ésta recientemente aprobó su política, por la que no permite a varones en la categoría femenina, sustituyendo la categoría masculina por una abierta (todos los sexos y géneros).
El próximo Congreso tiene lugar en noviembre. Es deseable que la federación internacional someta la cuestión, por su relevancia y trascendencia, a debate entre sus miembros de una forma transparente y democrática, y que sean éstos quienes decidan el rumbo del deporte del triatlón. De ello depende el futuro de las mujeres triatletas.
[1] Comenté las directrices del COI aquí
[2] En el caso de Verity Smith, antes de un desafortunado accidente deportivo, tras el que compite en rugby en silla de ruedas masculino.
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Sobre la autora
Irene Aguiar es especialista en derecho deportivo.
Ha escrito “Deporte femenino y personas transexuales: una aproximación a la situación actual” y "Derechos en conflicto en las regulaciones trans en el deporte: entre la inclusión, la equidad y la seguridad", entre otras publicaciones sobre la participación de personas trans en el deporte.
Es miembro co-fundadora del Consorcio internacional del Deporte Femenino, agrupación que aboga por el deporte femenino y la igualdad entre sexos en el deporte (https://www.sportsconsortium.org/).























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