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"Dios no juega a los dados", Albert Einstein

José Emilio Jozami Delibasich Domingo, 14 de Febrero de 2021

"El Deporte es patrimonio de la Humanidad, es vida, es salud, es negocio licito, es trabajo, y no merece ser asesinado lentamente por mentes perversas que nada conocen de todas sus virtudes que llenan de felicidad a la mayoría del planeta, por alimentar intereses egoístas de unos pocos".

La idea de escribir este artículo confieso me surgió luego de leer la interesante nota del Dr. Daniel Roberto Viola – Director de Iusport Latinoamérica- sobre el conflicto del doping en Rusia y un artículo publicado en el portal Infobae de Argentina que recordaba la épica final que empato Independiente de Avellaneda a Talleres de Córdoba con 8 jugadores y le permitió al diablo rojo argentino coronarse campeón en el recordado enero del 78 en la bella Córdoba argentina- donde actualmente me encuentro-.

 

El querido lector no apreciara en estas líneas cuestiones místicas religiosas, pero si elementos de realismo y otros novelescos que puedan llevarnos a reflexionar sobre que deporte queremos, preguntarnos qué deporte tenemos, y si buscamos un cambio quien lo podría hacer.

 

Ambos disparadores tanto lo de los rusos como lo sucedido en la final en Córdoba mostraron cuestiones polémicas.

 

Los rusos aprovechándose del doping para obtener ilegítimamente de logros deportivos, como una costumbre de ganar por fuera de lo lícito, de lo debido, no respetando la primera fuente legal deportiva que son los reglamentos. Pero encontrando una sanción en el TAS que alimenta la esperanza de creer en que la justicia del deporte pueda solidificarse cada vez más.

 

En la final la historia contaba que todo estaba ya preparado para el festejo de Talleres, un gol claro con la mano de Bocanelli convalidado por el árbitro Barreiro y ante el reclamo de los jugadores de Independiente, vino la expulsión de tres de sus figuras, lo que ponía al Rey de Copas lejos de la ilusión del campeonato. Hasta que la garra y la pasión y el talento de un equipo que nunca se dio por vencido hizo justicia en el resultado.

 

Los milagros para quienes somos creyentes existen, tal vez no para agnósticos y no creyentes. La religión católica indica que Dios da a los hombres libertad de obrar en este mundo, lo que conocemos como el LIBRE ALBEDRIO, y quienes creen y tienen fe solventan una cultura de la oración para acercarse a Dios y pedir su ayuda.

 

En el futbol y aún más en los países latinos y en mi país- Argentina- la devoción por la Virgen de Lujan o de otra imagen de la madre de Cristo se observa a menudo en los estadios.

 

Así han sido mostradas al mundo las imágenes de la selección de Bilardo campeona del mundo con su utilero- el conocido Galindez – con la imagen de la Virgen.

 

Las promesas realizadas por los jugadores forman parte del folclore futbolero y de otras disciplinas deportivas.  Estas formas son consideradas como cábalas-o sentimiento de la religiosidad popular- que muchos deportistas abrazan y profesan.

 

Todo indica que ante el pedido del milagro Dios entra en los segundos tiempos. El milagro, dicho por los expertos no por mí y lo muestran los ejemplos requiere siempre del obrar humano, Dios pide la fe, el actuar del hombre, en la conversión del agua en vino los hombres llenaron las odres de agua, en la cura del paralitico los hombres ingresaron la camilla por el techo, siempre debe existir la participación humana; cuenta una anécdota de alguien que pedía reiteradas veces ganar la lotería a Dios hasta que cansado Jesús se le apareció y le dijo pero amigo si no compras el billete…

 

Volviendo a los acontecimientos mencionados y a muchos otros más que en los últimos tiempos vemos en nuestras competencias deportivas, nos parece encontrar trastocado el concepto del esfuerzo para lograr la victoria.

 

Conocer en el deporte moderno situaciones que involucran el no respetar al espectador que paga una entrada con la ilusión de ver un partido en el que deba ganar el que lo merezca por resultado deportivo, pero que por amaños (acuerdos corruptos donde se pacta el triunfo de un  equipo o de un deportista en el caso de deportes individuales por apuestas clandestinas o corrupción deportiva ) o como relatan anécdotas de algunos dirigentes que le dirían a sus jugadores que no podrían pagarle más dinero de salario pues una parte del presupuesto seria para el cohecho de los árbitros o de dirigentes  influyentes; o permitir que se saque ventajas ilegitimas con drogas o mecanismos que mejoren rendimientos ilícitamente para ganar con TRAMPA, nos hace doler el  alma, al menos a los que queremos al Derecho , a la justicia y al Deporte.

 

¿Cuál es el sabor de ese triunfo?  Un interés personal individualista de obtener réditos políticos de un dirigente o grupo, o alcanzar un ascenso y recaudar más dinero, ¿o evitar un descenso en el apuro de las últimas instancias cundo durante la temporada los objetivos no se cumplieron?

 

Donde quedo el deporte del sacrificio del entrenamiento, de la táctica y de la estrategia, de saber elegir bien a los jugadores y formar a sus inferiores, el deporte de “mens sana in corpore sano”.

 

Hoy han cambiado los preceptos y las prioridades son el sacrificio del Lobby, la influencia, y la corrupción, que parecen haber llegado para quedarse y reemplazar aquella sana frase por la de “poder y dinero para la victoria…”.

 

Un gran dirigente del futbol mundial repetía siempre “… aunque compres a los referee o a los  líneas si no la metes a la pelotita en el arco no vas a ganar el partido…” y cuánta razón tenía, porque siempre estará esa contingencia, la posibilidad de saber que en algún momento el milagro puede producirse.

 

Dios no juega a los dados decía el gran Albert Einstein, y expresaba con ello que existen en el mundo esas fuerzas universales que tienen una razón, que se disfrazan de muchas maneras como lo describe el jesuita español Cue en su obre “mi Cristo roto”.

 

Es cuando Dios entra a jugar el partido y aparece la valentía de jueces para tomar decisiones correctas, o se descubre y se terminan los affaires delictivos, o un jugador que en el último minuto del juego cambia el resultado que no era el pactado con una conquista inesperada.

 

Me pregunto de qué sirve vivir engañando y engañándose uno mismo, cual es el disfrute de la propia mentira, de lo irreal, del cautiverio de una ficción dejando escapar el don de la libertad que los cielos le dieron al hombre como decía el Quijote.

 

Es tiempo de exigir por un deporte limpio, sano, justo, volver al deporte de las fuentes, en el cual su especificidad se nutre de valores, de principios, del amor entre los colegas que serán adversarios, pero nunca enemigos, defendiendo la bandera de su equipo o país al que representan.

 

Para ello el milagro obrara con la ayuda de las autoridades deportivas internacionales como también con la presencia de tribunales de justicia deportiva que colaboren con grandeza, honestidad y sabiduría a controlar que esos deseos de salvar al deporte de la pobreza humana se cumplan.

 

El Deporte es patrimonio de la Humanidad, es vida, es salud, es negocio licito, es trabajo, y no merece ser asesinado lentamente por mentes perversas que nada conocen de todas sus virtudes que llenan de felicidad a la mayoría del planeta, por alimentar intereses egoístas de unos pocos.

 

Es tiempo de jugarse a la lotería del deporte pidiendo a Dios que nos ayude en el desafío de encontrar la transparencia, la idoneidad en cada uno de los estamentos con la seriedad, la responsabilidad y el compromiso que se requiere para volver al deporte de las mentes sanas en cuerpos sanos. ES TIEMPO DE COMPRAR EL BILLETE Y ESPERAR EL MILAGRO!!

 

José Emilio Jozami Delibasich

 

El autor es abogado por la Universidad Nacional de Córdoba Argentina.

 

Mediador por la Fundación Retoño, Buenos Aires Con postgrados en Yale y Harvard. Ex Juez Civil y Comercial en Argentina.

 

Master en Derecho Deportivo por ISDE Madrid.

 

Miembro de IEMEDEP Madrid y de la Red Latinoamericana de DD.HH. Profesor Universitario.

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