Lunes, 12 de Enero de 2026

Actualizada Lunes, 12 de Enero de 2026 a las 15:03:20 horas

José Luis Pérez Triviño
José Luis Pérez Triviño Martes, 29 de Diciembre de 2020

Rugby argentino, funny games y prácticas restaurativas

https://rugby.com.arhttps://rugby.com.ar

Los supuestos caballeros del rugby en Argentina están históricamente vinculados a episodios de violencia, de prepotencia y de supremacismo.

Como si se tratara de un remake de la película Funny games, un grupo de jóvenes bien parecidos y educados, con aspecto de estudiantes de un colegio pijo de Buenos Aires, sonreían felices mientras se hacían un selfie. Hasta aquí todo normal, en especial, si se trataba de  una noche de verano en Villa Gesell, una localidad turística argentina. Pero no lo era. Poco antes, habían apaleado a otro chico hasta matarlo. No había en sus caras ni un asomo de conciencia de lo que habían hecho y, mucho menos, de remordimiento o arrepentimiento.

 

Esto sucedió hace un año aproximadamente, y desde entonces, y a pesar de la recurrente crisis económica y de la pandemia, ha sido un asunto que ha ocupado los principales noticieros argentinos. Las circunstancias del asesinato ponían al descubierto que no solo cometen delitos los habitantes de las villas miserias (los barrios pobres), a la vez que colocaba frente al espejo a una parte de la clase pudiente argentina, como lo había hecho antes los episodios de Relatos salvajes. Pero en esta ocasión no era ficción. Era real, demasiado real.

 

El truculento episodio también ponía en la picota a una parte del mundo rugby argentino. El rugby es allí un deporte mucho más popular que en España, y lo que lo particulariza es que es principalmente practicado por jugadores provenientes de la clase alta. Pero también es distintivo de la cultura rugbier argentina, al menos de una parte de ella, el contradecir la visión positiva que se suele tener de este deporte -un deporte de villanos practicado por caballeros-, sobre todo si se lo compara con el fútbol -un deporte de caballeros practicado por villanos-.

 

Los supuestos caballeros del rugby en Argentina están históricamente vinculados a episodios de violencia, de prepotencia y de supremacismo. Por si no fuera suficiente con el episodio de Villa Gesell, hace unas semanas se hicieron públicos uno tuits racistas, machistas, xenófobos, antisemitas, clasistas y discriminatorios de tres integrantes de la selección de rugby argentina, entre ellos, su capitán, Pablo Matera. Aunque los chistes fueron realizados hace años, no por ello, han dejado de hundir todavía más la reputación del rugby argentino, a pesar de sus recientes éxitos deportivos.

 

Como reacción a la mala fama adquirida por tales episodios, la Unión Argentina de Rugby  (UAR) adoptó una medida valiente en busca de la regeneración de su deporte, creando un programa que tiene como objetivo resolver la conflictividad relacionada con el rugby, reduciendo la violencia en todos sus aspectos, pero especialmente buscando crear una nueva cultura alejada de los clichés que han estigmatizado al rugby argentino. La adopción de tal programa es acorde con uno de los valores que se predica del deporte, pero que apenas se cumple en la realidad: el ser una escuela de valores.

 

En efecto, en los clubes y federaciones no solo falta voluntad en desarrollar programas educativos para los jóvenes más allá de la competitividad, sino que los mecanismos que usan para solucionar los conflictos están anclados en estereotipos disciplinarios que distan mucho de resolverlos. De ahí que las medidas que ha tomado la UAR respecto de los rugbiers sean tan novedosas para el mundo “disciplinario” deportivo. En lugar de sancionar a los jugadores económica o deportivamente con suspensión de partidos, se dispone que si quieren ser elegidos en la selección nacional, deberán participar en un programa restaurativo.

 

Este consiste en un curso de seis horas con el objetivo de tomar conciencia de dónde surgen los prejuicios, y de las consecuencias que estos tienen en las relaciones entre las personas y prepararlos para participar activamente en el programa de “Estereotipos discriminadores y prejuicios” de Rugby 2030, hacia una nueva cultura. Por otro lado, deberán grabar un video con contenido formativo, que se utilizará como recurso pedagógico, así como participar en espacios de intercambio de experiencias con jugadores y jugadoras que asisten al curso.

 

Estas tipo de medidas restaurativas no son las primeras adoptadas en el deporte. Hace unos pocos años el Chelsea FC organizó viajes educativos para aficionados que habían proferido insultos racistas y antisemitas en el transcurso de varios partidos de fútbol. La sorpresa fue la elección del lugar de destino del viaje: el campo de concentración de Auschwitz.

 

La razón que se ofreció de tal elección era sencilla: las medidas adoptadas hasta el momento -básicamente sanciones- con estos aficionados no habían sido exitosas. De ahí, la intención del club de que la visión en primera persona del antisemitismo conseguiría que los aficionados valoraran con más perspectiva el daño que produce la intolerancia y la xenofobia.

 

Esto es, que visita provocara en dichos aficionados una mayor conciencia de su actos y un cambio de sus comportamientos. Según el presidente del club londinense, Bruce Buck, “esta política les da la oportunidad de darse cuenta de lo que han hecho, de hacer que quieran comportarse mejor”, a diferencia de las medidas punitivas adoptadas hasta el momento.

 

Este tipo de medidas restaurativas resultan eficaces para solucionar los conflictos que más daño hacen al deporte como institución educativa, aquellos en los que la violencia y el desprecio hacia los diferentes es el principal protagonista, en especial, si se ven implicados menores de edad.

 

Constatado el fracaso de las medidas convencionales hasta ahora aplicadas, las autoridades deportivas españolas harían bien en prestar atención a lo que se está poniendo en práctica en el rugby argentino para evitar que sea un funny game y sea más un ethic game. Solo así los clubes y las federaciones deportivas podrán cumplir con una de las condiciones que les exige la sociedad para  encomendar la formación deportiva y ética de nuestros hijos.

-----------

José Luis Pérez Triviño
Profesor de Filosofía del Derecho (Universidad Pompeu Fabra) y
Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte

 

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.