El derecho a la sustitución y el reto de las sustituciones en la Administración deportiva

Se acaba de confirmar el cese de un alto directivo del CSD que ostentaba la condición de subdirector desde hace muchos años. La decisión es, en el plano plenamente jurídico, plenamente legítima. Se trata de un puesto de libre designación y, por tanto, de libre cese. Nada hay que objetar a esta decisión desde esta perspectiva.
Es cierto, sin embargo, que toda decisión de relevo es una apuesta. Una apuesta por la mejora, por conseguir un mayor impulso de las políticas públicas y una mejora en la gestión. Este es el gran retro de la sustitución: el reto de la mejora.
La situación general de la Administración deportiva es, en estos momentos, una incógnita caracterizada por la falta de referencia general y de liderazgo claro y evidente. Es dificil conocer el proyecto de política pública deportiva que se nos presenta y, por tanto, es dificil saber cual el nivel de excelencia o, simplemente, de progreso que se nos quiere presentar.
Las ideas, los proyectos, los modelos de organización y dirección están al margen de las personas y toman de éstas el impulso necesario para la generación de impulsos. Cuando los primeros flaquean, los segundos, se vuelven potencialmente irrelevantes y, en gran medida, esta es la sensación que se transmite en el momento actual. Cambiar es tan legítimo como legal, pero debe entenderse que la Administración tiene por objetivo el servicio al interés general con objetividad y al servicio de los intereses del conjunto de la población. Es este el reto fundamental. El mundo del deporte, la sociedad precisa conocer las pautas esenciales del nuevo modelo deportivo y, por tanto, la necesidad de las transformaciones, admitiendo la legitimidad de este impulso.
Situados en este plano cabe indicar que, desde la perspectiva de quienes solo tienen como objetivo el análisis de la actuación administrativa y de las políticas públicas, que existe una sensación de que los fundamentos actuales de la política deportiva son cosméticos, erráticos y faltos de un proyecto definido. Se observan acciones que podríamos situar en el plano de la administración de las cosas pero que están muy lejos de impulsar un proyecto de modernización, de cambio, de mejora de las instituciones que conforman la actividad deportiva. Es probable que, como tantas veces ocurre, sea solo un problema de comunicación y todo esto exista y, simplemente, no lo hayamos visto. Seguro que es así.
Pero mientras esto ocurre y desde la perspectiva de la Administración es necesario insistir en la necesidad de la profesionalización de la función directiva de las Administraciones Públicas y en la necesidad de articular gestiones responsables y comprometidas con los intereses generales. Esta es sin duda una de las asignaturas pendientes de nuestra Administración. El paso de las personas a los programas, a los objetivos, a las evaluaciones, a las estadísticas y a la fijación de parámetros de mejora. Este es el esquema de las Administraciones europeas que se conforman como más sólidas en el ejercicio de competencias públicas y del que estamos cada vez más alejados. Los cambios personales sin cambios de modelos de actuación son parte de una política que no responde a criterios de profesionalidad sino de personalidad y este objetivo no es un objetivo constitucional frente al primero.
A partir de aquí lo que más llega a valorar del empleo público es la dedicación, la profesionalidad y la entrega de algunos de sus servidores. Muchas veces un ejemplo frente a las organizaciones privadas y al resto del mundo. Lo importante para el mundo del deporte es que los profesionales tengan continuidad y ésta se produce al margen del puesto desarrollado. Ocuparse y preocuparse de la actividad pública es uno de los privilegios más hermosos que te puede deparar la vida.
Después de este argumento solo resta decir que quien hoy cesa es un profesional, un estudioso y un trabajador sin límites. Quien le releva es un profesional, igualmente, y por el bien del deporte español solo hay que pensar que sea un acierto. Suerte y que seamos capaces de cumplir el reto de una sustitución personal: mejorar y transformar el modelo en beneficio de la sociedad. Mientras el tiempo da o quita razones lo que es preciso es reconocer la dedicación y el acierto de un profesional de la Administración Pública que cambia de función pero no de obsesión.


























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