Domingo, 11 de Enero de 2026

Actualizada Domingo, 11 de Enero de 2026 a las 21:23:43 horas

Michael Robinson, el inglés de Cádiz

Alfredo Relaño Alfredo Relaño Martes, 28 de Abril de 2020

Me decía todo serio: "Alfre, esos pavos saben algo que los demás no sabemos". Se refería al Cádiz de aquella temporada en la que él llegó a Osasuna y tuvo que estar jugando ‘playoffs’ hasta que el Cádiz, que fue el último de cabo a rabo toda la temporada, se salvó a costa del Racing.

 

Tanto le fascinó aquella impostura de Irigoyen que quiso ser gaditano y hasta buscó en sus venas sangre gaíta. Para ello urdió una teoría de improbable demostración según la cual descendía de algún náufrago de La Invencible en su paso por la costa Oeste de Irlanda, de donde eran sus abuelos maternos. Y hasta llegó a invertir en el club y a ser su consejero técnico.

 

Pero no sólo Cádiz, todo lo español le fascinó, empezando por Pamplona, a donde llegó inquieto tras buscar en el mapa la ciudad de Osasuna sin encontrarla, lo que le hizo temer que fuera muy pequeña. Allí se fascinó con los sanfermines y decidió celebrar sus goles con un muletazo.

 

Luego, en tantos viajes de aquí para allá con Canal +, nunca vi lugar de España en el que no le gustaran el paisaje, el paisanaje, la comida y la bebida. Todo lo pasaba por el matiz de su mirada ocurrente y original. Un día, atravesando los enormes vacíos de Castilla, me dijo: "Y con todo este terreno vacío que tenéis por aquí, para qué queréis Gibraltar?".

 

Fue feliz entre nosotros y nos hizo serlo a quienes disfrutamos su compañía. Ocurrente, inteligente, genio de la comunicación, con un sentido de la amistad y del espectáculo que le hacían singular. Aquí se quedó, con su familia, encantado con su nuevo país aunque sin aguantar bromas con Inglaterra.

 

Ahí no pasaba una. La única vez que le vi triste fue cuando sus compatriotas votaron el Brexit. Se sintió traicionado. Sin embargo, su enfermedad no le afectó: "Mira, esto me matará más pronto que tarde, pero no me va a matar cuando estoy vivo". Así que nunca contó penas, siguió alegrando a su entorno hasta el fin. Gracias, Robin, por todo.

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*Publicado en el diario AS

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