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María José López González
3 de febrero de 2017

El caso Zozulya y el derecho al trabajo

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Derecho al trabajo / libertad de empresa: stop a los ultras en los campos de fútbol en España

Recientemente se presentó en Madrid la iniciativa ¿color? ¿qué color?, bajo un informe sobre la lucha contra el racismo y la discriminación en el fútbol. Una iniciativa liderada por la Unesco, y la propia FIFA.

 

En 2009, la Asociación de Clubes Europeos  firmó, en nombre de los 144 miembros, una declaración promoviendo la inclusión de la cláusula contra la discriminación y el racismo en los contratos de los jugadores. Todo ello, bajo la creencia y el convencimiento de la UNESCO, del papel de los clubes, y el deporte mediático que es el fútbol, a la hora de propagar los mensajes fundamentales de tolerancia, respeto e inclusión.


Pues bien, recientemente nuestro país se ha visto sorprendido, por el ya denominado caso del jugador Zozulya, un jugador que ha sido estigmatizado y señalado por un grupo ultra del equipo Rayo Vallecano, bajo la acusación de ser nazista. Lo que le ha conllevado a situar a este jugador en la tesitura de no poder ejercer su profesión, y al club, que lo ha fichado, a verse coaccionado, por mor de las amenazas de este grupo ultra, a no poder ejercer su derecho a la libre contratación.


Siempre se ha predicado del fútbol, como el deporte de equipo con más diversidad étnica y religiosa. Con doscientas nueves asociaciones nacionales – FIFA-, cuenta con más miembros que las Naciones Unidas. Lo que viene a contextualizar la fuerza generadora e integradora del fútbol. De ahí que los valores o los estigmas que pueda traslucir a la sociedad tienen una vertiginosa proyección. Por lo que qué mejor que insistir en el deporte del fútbol como escenario de valores y de interrelación de países, continentes, culturas, ideologías, etc.


Desde hace tiempo se está trabajando en el mundo del fútbol por erradicar cualquier atisbo de violencia, de racismo o discriminación.

 

Tomando como base marcos normativos, campañas de sensibilización y códigos de conductas donde erradicar determinados tipos de comportamientos  que pervierten la convivencia y el juego limpio en el deporte. Y así se han producido un desarrollo normativo y legislativo a lo largo de los países.

 

En el Reino Unido está la Ley sobre Delincuencia y Disturbios de 1998, además de la Ley  de Inclusión y la Diversidad de 2010.

 

En Francia, se produjo en 2003 la modificación del Código Penal consistente en la tipificación de diferentes delitos de odio racial, así como su Código  del Deporte que establece una serie de normas que luchan contra comportamientos  racistas relacionados con los eventos deportivos. 

 

En España tenemos la Ley 19/2007 que trata de penalizar y castigar aquellos comportamientos y acciones en relación a conductas racistas, xenofóbicas o intolerantes en el deporte. De hecho, hay una Comisión Estatal contra la violencia con la que se trata de prevenir y censurar estos comportamientos en el ámbito y contexto del deporte en nuestro país.


Pues bien, a pesar de todo ello, se reiteran conductas que han de ser erradicadas de nuestros terrenos de juego, y de nuestra sociedad, conductas que siembran el desprecio sobre clubes, instituciones y personas en base a comportamientos intolerantes, por el hecho de ser diferentes. Y en estos casos hemos de estar personas, instituciones, y clubes para decir basta y no ser sometidos a insumisiones y omisiones, bajo coacciones perpetradas por la coartada que proporciona el grupo de los intolerantes.  


En el caso de este jugador, al que parece ser que se le trata de impedir su derecho al trabajo, y en relación al club que se ve coaccionado a su libertad del ejercicio de empresa se les debe de decir que el idioma del desprecio; que esconde la intolerancia de unas ideas, o de unas maneras de pensar no es permisible un una sociedad como la española, que consagra derechos y libertades en el mandato constitucional.


Esta sociedad no puede permitir que le metan un gol más, y que venga desde el extremo del sectarismo, la intolerancia y la estigmatización de personas, e ideas. Una sociedad sólo puede rechazar y repudiar conductas y comportamientos lesivos para la misma.

 

Pero no puede ser sometida a la estrategia del  miedo que ejercen los hinchas, por más que monten ruido y jaleen a su equipo en los terrenos de juego. Si no somos capaces de trasmitir con el juego valores, estaremos convirtiendo al deporte, en el escenario idóneo para que los hinchas, los ultras y los intolerantes marquen unas reglas de juego, que contravienen los valores más comunes del deporte, que son la tolerancia, el juego limpio y la competitividad sana entre los que lo practican.


María José López González
Abogada

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