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Ivan Palazzo
9 de septiembre de 2016

A vueltas con la protección de futbolistas menores

La sanción a los clubes madrileños ha colocado nuevamente sobre la mesa de debate la protección de los futbolistas menores de edad.

 

Para la FIFA la problemática se remonta a finales del siglo pasado, cuando la abolición del derecho de retención permitió a los clubes extranjeros llevarse los juveniles de las canteras de los humildes clubes formadores, sin obligación de pagar una indemnización por la transferencia, ante la perplejidad de estos últimos frente a la masiva y descontrolada migración de sus jugadores.

 

A ello se sumaba el futuro incierto que les deparaba a la mayoría de los jóvenes la frustración de sus expectativas de convertirse en futbolistas profesionales y la posibilidad de quedar desamparados en un país extranjero.

 

Fue en la versión 2001 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores (RETJ) donde la FIFA  se ocupó expresamente del asunto, sosteniendo en el artículo 12 que:

“La transferencia internacional de un jugador menor de 18 años se permitirá bajo las siguientes condiciones:

a. Por regla general, cuando el cambio de residencia de la familia del jugador al país del nuevo club no tenga relación con el fútbol.

b. Siempre que la transferencia se produzca en el seno de la Unión Europea/Espacio Económico Europeo (UE/EEE) y se trate de jugadores entre la edad laboral mínima en el país del nuevo club formador y los 18 años, cuando el nuevo club formador garantice un entorno adecuado para su formación deportiva y educación escolar. Con dicha finalidad, se elaborará un código de conducta, que verificarán y harán cumplir las autoridades de fútbol.

Los mismos principios se aplicarán a la primera inscripción de jugadores menores de 18 años que tienen una nacionalidad diferente a la del país en el cual hayan solicitado la primera inscripción”.

 

Además, el artículo 35 estableció la duración máxima de los contratos de los menores para salvaguardar sus intereses y no obstaculizarles el progreso a causa de una vinculación excesiva a un club, al preceptuar que: “Un jugador que no ha cumplido 18 años podrá firmar un contrato en calidad de no-aficionado únicamente por una duración que no exceda de tres años. La FIFA o un tribunal deportivo nacional no reconocerán cualquier cláusula que estipule una duración superior”. Esta disposición prosigue en vigor en el artículo 18.2 del RETJ.

 

En la edición 2005 del RETJ acaecen modificaciones que se plasman en el artículo 19, que dispone la prohibición de los traspasos internacionales de jugadores menores de 18 años y que hasta la fecha han continuado su vigencia.

 

En ese sentido, en el inciso segundo se admiten tres excepciones:

 

a. "Si los padres del jugador cambian su domicilio al país donde el nuevo club tiene su sede por razones no relacionadas con el fútbol".

 

b. "La transferencia se efectúa dentro del territorio de la Unión Europea (UE) o del Espacio Económico Europeo (EEE) y el jugador tiene entre 16 y 18 años de edad. El nuevo club debe cumplir las siguientes obligaciones mínimas:

 

I. Proporcionar al jugador una formación escolar o capacitación futbolística adecuada, que corresponda a los mejores estándares nacionales.

 

II. Además de la formación o capacitación futbolística, garantizar al jugador una formación académica o escolar, o una formación o educación y capacitación conforme a su vocación, que le permita iniciar una carrera que no sea futbolística en caso de que cese en su actividad de jugador profesional.

 

III. Tomar todas las previsiones necesarias para asegurar que se asiste al jugador de la mejor manera posible (condiciones óptimas de vivienda en una familia o en un alojamiento del club, puesta a disposición de un tutor en el club, etc.).

 

IV. En relación con la inscripción del jugador, aportará a la asociación correspondiente la prueba de cumplimiento de las citadas obligaciones".

 

c. "El jugador vive en su hogar a una distancia menor de 50 km de la frontera nacional y el club de la asociación vecina está también a una distancia menor de 50 km de la misma frontera en el país vecino. La distancia máxima entre el domicilio del jugador y el del club será de 100 km. En tal caso, el jugador deberá seguir viviendo en su hogar y las dos asociaciones en cuestión deberán otorgar su consentimiento".

 

La excepción que ha sido mayormente utilizada es la que permite la transferencia internacional del menor cuando sus padres cambian de domicilio al país extranjero por razones no relacionadas con la continuidad de la carrera futbolística de su hijo.

 

El empleo de situaciones fraudulentas para eludir el obstáculo prohibitivo, determinó la creación de una Subcomisión designada por la Comisión del Estatuto del Jugador (CEJ), fruto de las modificaciones del RETJ en octubre de 2009, para impedir algunos casos en los cuales se simuló que los padres habían conseguido previamente un trabajo en el país extranjero, pero luego se comprobó que el motivo principal del traslado de la familia era la transferencia del menor.

 

El nuevo numeral 4 agregado al artículo 19 del RETJ, establece que las transferencias internacionales de menores de edad y las primeras inscripciones de menores que no sean naturales del país donde se registran, están sujetas a la aprobación de la Subcomisión. La asociación que desea inscribir al jugador menor deberá solicitar la autorización correspondiente.

 

Es dable traer a colación que en el derecho comparado se realizaron diversos esfuerzos para preservar las canteras.

 

En Francia la Carta de Fútbol Profesional Francesa obliga a los "jugadores promesa" a suscribir el primer contrato profesional con su club formador y en caso contrario abonar una indemnización.

 

En el emblemático caso de Olivier Bernard, jugador formado por el club Olympique Lyonnais, que había celebrado un convenio como jugador promesa y rehusó firmar con su club formador el contrato de futbolista profesional, suscribiéndolo con el Newcastle inglés, el litigio culminó con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea, que aceptó la compensación por formación, sin considerarla contraria al derecho comunitario, pero siempre que fuere acorde a los costos erogados.

           

Si bien la norma francesa implicaría una restricción al principio de libre circulación de trabajadores, la limitación está justificada porque estimula a los clubes a invertir en la educación deportiva de los jóvenes. Además, la indemnización abonada deberá ser proporcional a los gastos soportados por los clubes.

 

En España se ha pretendido mitigar los efectos nocivos del embate a las canteras, mediante la firma de precontratos con los futbolistas menores, con la finalidad de que celebren su primer contrato profesional con el club formador.

 

Es menester destacar el caso de Raúl Baena, a quien sus padres ficharon como futbolista aficionado en el FC Barcelona y a tal efecto suscribieron dos instrumentos: un contrato de jugador no profesional y un precontrato que obligaba al jugador a firmar el acuerdo laboral profesional con la institución deportiva. Todo ello cuando el menor tenía 13 años de edad.

 

La realidad de los hechos indica que Baena firmó contrato profesional con el RCD Espanyol y luego de atravesar las pertinentes etapas judiciales, el Tribunal Supremo decidió poner fin a la discusión declarando la nulidad del precontrato de trabajo, por resultar contrario a los límites inherentes al orden público en materia de contratación de menores, especialmente en lo referente a la tutela del interés superior del menor en la decisión personal sobre su futuro profesional como aspecto o presupuesto del desarrollo de su libre personalidad, impidiendo cualquier indemnización por dicho concepto.

           

La sentencia fija una doctrina que puede tener graves efectos, generando la incertidumbre en relación a los numerosos precontratos existentes entre clubes y futbolistas menores de edad.

 

En su afán por proteger a los futbolistas menores la FIFA determinó que las solicitudes de las transferencias internacionales y la primera inscripción de menores que no sean naturales del país donde pretenden registrarse, se gestionaran a través del Transfer Matching System (TMS por sus siglas en inglés) que contribuye a la celeridad, seguridad y eficacia de los traspasos.

 

Entre los años 2011 y 2015 fueron remitidas a la CEJ un total de 9997 solicitudes relacionadas con transferencias internacionales de menores, de las cuales fueron aceptadas 8759 y rechazadas 1238, lo que denotaba un incremento en los fichajes.

 

Con este panorama se reforma el artículo 9.4 del RETJ, que reduce de 12 a10 años la edad a partir de la cual se exigirá el Certificado de Transferencia Internacional (CTI).

 

Entonces, las asociaciones nacionales de fútbol tendrán la obligación de presentar a la Subcomisión, las solicitudes de aprobación de cualquier transferencia internacional de futbolistas menores de edad o de la primera inscripción de un jugador menor de edad extranjero, para todo futbolista a partir de la edad de 10 años.

 

Inclusive, si las asociaciones procuran inscribir a jugadores menores de 10 años, respecto a los cuales no necesitan tramitar ni la solicitud ante la Subcomisión ni el CTI, igualmente deberán asumir la responsabilidad de verificar y garantizar el cumplimiento de todos los requisitos plasmados en el artículo 19.2 del RETJ.

 

La loable labor de la FIFA para solucionar el flagelo que implica el tema en cuestión, encuentra un dilema insoslayable, ya que la contundente prohibición de las transferencias internacionales, favorece a algunos menores amparándolos de los abusos sufridos, empero, perjudica a otros al obstaculizarles continuar  su carrera en un país extranjero y gozar de los consecuentes beneficios futbolísticos, económicos y culturales.

 

Se deberán encontrar soluciones a la brevedad, más aún si tenemos en cuenta que se genera una peligrosa colisión entre normas de derecho privado y  de derecho público que protegen el interés superior del niño.

 

En esa dirección, al margen de las transferencias fronterizas (donde no resulta necesario el cambio de residencia del jugador, ya que solamente tendría que desplazarse al vecino país para cumplir con los entrenamientos y estaría asegurada la contención familiar), deberían armonizarse las dos primeras excepciones emanadas del artículo 19 del RETJ y permitirse los traspasos internacionales de jugadores menores de edad, siempre que el club de destino les garantice una formación integral como personas,

 

Si bien existiría una mayor permisividad en las excepciones que posibilitaría las transferencias internacionales cuando el menor se desplace al país extranjero acompañado por sus padres, algún familiar o representante legal, aunque el motivo sea jugar al fútbol, lo cierto es que el nuevo club deberá proporcionar al menor una formación deportiva, educativa y humana que abarque la capacitación futbolística y escolar, condiciones óptimas de vivienda y alimentación, la elección de un tutor, etc.

 

En estas situaciones la función del nuevo club será controlar el cabal cumplimiento de las condiciones necesarias para el bienestar general del menor, del mismo modo que acontece cuando el jugador se alberga en las instalaciones de la institución deportiva.

 

En todos los casos la Subcomisión designada por la CEJ de la FIFA deberá autorizar la transferencia, previa acreditación por parte del nuevo club de haber cumplimentado en debida forma los requisitos indispensables, incluyendo la labor de verificar periódicamente si persisten las circunstancias satisfechas ab initio.

 

Iván Palazzo, abogado especializado en Derecho del Fútbol

palazzoyasociados@hotmail.com

 

 

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